domingo, 28 de junio de 2015

Capítulo XXI - Pensamos más de lo que actuamos.

     Nos concentramos en pensar que la vida debe ser justa con nosotros en todo momento, y la juzgamos cuando no somos afortunados con lo que realmente deseamos serlo, simplemente repetimos una y otra vez que carecemos de suerte, que somos desdichados. Comenzamos a obrar bien pero esperando algo a cambio, dejando a un lado todo lo aprendido, dejando atrás aquella frase; Obremos bien sin esperar nada a cambio. Ese simple error lo seguía cometiendo aún después de muerto.
     Cuando aún vivía y estaba junto a Camila debo admitir que cometí muchos errores. Siempre quise lo mejor para los dos, me esforzaba por darle cada cosa que pudiese que la hiciera feliz, trataba de estar con ella el mayor tiempo posible y aprovecharlo, hice -a mi parecer- tanto bien a nuestra relación que terminó siendo malo, siempre le di todo mi apoyo al igual que mi familia, nunca dejé de desearle lo mejor y lo que recibí a cambio fue una traición; se alejó de mi, se fue con alguien más sin siquiera pensar en todo lo que hice por ella. Entonces ahí es donde se encuentra el detalle, se suponía que todo lo que hacía era porque mi corazón me lo dictaba, simples actos despreocupados, pero eso no fue tal cual, una parte de mi lo hacía para mantenerla a mi lado, pues junto a ella me sentía tan feliz, tan especial, tan a gusto que vulgarmente quise comprar su amor, y está sobreentendido que nada de lo que hice sirvió, era de esperar que tarde o temprano ella se iría de mi lado.
     Era tan grande lo que sentía por esa chica que cuando se alejó fue un choque muy fuerte a mi ser, no podía aceptar lo que estaba pasando, y ahí fue donde se originó mi punte de quiebre. Me encontraba en mi casa solo, no pasaban las veinte horas mientras que mi ansiedad crecía en conjunto a la tristeza, decidí levantarme y salir de la casa, caminé no por mucho tiempo hasta llegar a una tienda y compré licor suficiente como para caer en coma etílico, realmente no pensaba, solo actuaba. De regreso a casa recordé que un vecino amigo mío un día me dijo borracho que conseguía droga con facilidad, no me costó pensar mucho en llamarlo y pedir que me consiguiera un poco, en un cuarto de hora ya me la estaba entregando, entonces en ese instante fue donde inició el fin de mi estadía en la tierra. Al llegar a casa serví el primer vaso con licor y lo bebí completo de un solo trago, sentí como me quemó toda  la garganta y bajaba hasta llegar a mi estomago,serví el segundo y lo tomé de la misma forma, arrugando mi rostro por el desagrado, luego serví el tercer trago y encendí una varilla, bebía y fumaba intercalando pero tan rápido como se desboronaba mi alma.
     Una a una fueron cayendo las lágrimas por mis mejillas, el olor que desprendía la varilla impregnaba todo lo que se encontraba a mi alrededor, sin dejar de contar mi ropa y mi piel, comencé a sentirme mareado, los labios y la lengua empezaron a adormecerse, dejando sentir ese característico hormigueo, perdiendo poco a poco la sensibilidad. Por más que me mordiera la lengua o pellizcara los labios no sentía dolor. Cerré los ojos por un segundo y todo el universo se movió bruscamente a mi alrededor, haciéndome perder estabilidad y desplomándome en el suelo. Esta era mi agonía, se sentía como el final. Comencé a buscar mi celular arrastrándome por el suelo de la habitación hasta obtenerlo, lo cogí con mis manos como pude y cometí mi peor error; Llamar a Camila.

     -¿Aló Miguel?
     -Camila, Camila, T-te amo - Balbuceé.
     -¿Estas bebiendo?
     -Te amo Camilia - Era lo único que podía modular a decir verdad.
     -Ya Miguel en serio, ya lo nuestro se acabó.

     Y esas fueron las ultimas palabras que escuché de su parte, las cuales me perturban hasta el día de hoy.
     Cuando culminó esa llama salí de mi casa y comencé a correr por la calle sin rumbo fijo, solo quería correr, la brisa  silbaba en mis oídos, el frío helaba mi nariz y mis piernas fallaban de vez en cuando haciendo que me tambalease, pero sin prestar mucha atención a todo aquello seguía mi camino, y de repente todo se vuelve en silencio. No recuerdo mucho lo que pasó, tan solo en mi memoria existen en vago recuerdo de unas luces, y un golpe muy estruendoso antes de que todo se convirtiese en tinieblas. 

martes, 9 de junio de 2015

Capítulo XX - Entre sus brazos.

     Sentirlo tan cerca de mí fue muy gratificante, hizo que me calmara. A pesar de que no quería soltar debí hacerlo, lo miré a los ojos con dolor por la escena que estábamos presenciando.

     -Quiero ayudarlos Miguel, debemos ayudarlos - Le dije preocupada, él solo me observaba sin hacer nada. - Debemos hacer algo, no podemos dejar que él muera. - Me perturbaba ver que Miguel no hacía nada.

      No comprendía absolutamente nada de lo que pasaba ¿Por qué Miguel no hacía nada? No se movía, no me respondía ni con un solo gesto. De la nada me abrazó por pocos segundos, luego retrocedió dos pasos.

     -No podemos hace nada, no lo podemos salvar, ya no se puede hacer nada.

     Y con sus palabras fue desvaneciéndose ante mis ojos, luego volteo y ya no se encontraba ni la chica, ni su amado, ni el carro, habían desaparecido por completo, no me di cuenta en qué momento pasó, en qué momento dejé de escuchar los gritos desesperados. Estaba cansada de sentirme confundida, de no saber qué pasaba, de no comprender nada, cerré mis ojos tan fuerte como pude al igual que mis manos, apretando los puños y repitiéndome a mi misma una y otra vez; no quiero estar aquí, no quiero estar aquí, no quiero estar aquí...
     Sentí un vacío, esa sensación de estar flotando, y debo admitir que no me preocupé, al contrario, me hizo sentir relajada, pero aquella sensación no duró mucho cómo ha sido todo desde un principio desde que morí, comencé a sentir como me rodeaba un ambiente húmedo, ligero, alegre, lleno de paz, pude percibir bajo mis pies  el césped fresco, comencé a escuchar a los pájaros cantar y revolotear alrededor de mí, abrí mis ojos y confirmé lo que sospechaba; me encontraba en mi lugar de confort.
     Comencé a caminar acercándome al lado que se encontraba en frente de mí, con cada paso que daba podía sentir como el césped rozaba cada parte de mis pies descalzos, percibía la humedad que había en él, los pájaros me pasaban revoloteando por un lado sobre mi cabeza, los árboles danzaban majestuosamente en los alrededores de aquel esplendido lago. Al llegar a la orilla me senté y cogí un puñado de piedras que había cerca, comencé a arrojarlas una a una irrumpiendo en la tranquilidad del agua. Me quedé observando las hondas que hacían las piedras, que majestuosa es la naturaleza, que hermoso es este lugar, en eso es lo único que podía pensar.

     -Cómo desearía que Miguel estuviese aquí - Dije luego de suspirar, pues realmente eso era lo que deseaba, no tenía a nadie más acá.
     -Los deseos se pueden volver realidad.

     Volteé de ipso facto al escuchar esa dulce voz; Miguel se encontraba parado detrás de mí viéndome fijamente con una leve sonrisa. Me levanté rápidamente quedando frente a él y lo abracé.

     -Gracias por estar aquí, gracias por venir.
     -No tienes que agradecer nada.

     Dejé de abrazarlo y lo observaba muy emocionada, ya no era tan extraño sentirme así estando a su lado, no me estaba acostumbrando, pero si asimilaba cada cosa que pasaba en mi interior.

     -Vamos a sentarnos, es mejor.
     -Sí, sentémonos - Dije un poco nerviosa.

     Nos sentamos frente al lago y lo observamos por un largo rato, no pude evitar recostarme de su hombro y rodear su brazo con los míos, me encontraba en el éxtasis de la felicidad y la calma.

     -Me da vergüenza en estos momentos pedirte disculpas por mi actitud...
     -Tranquila Adriana, desde un principio te dije que estaría aquí para ayudarte y acompañarte - Me interrumpió sin prestar mucha atención a lo que yo decía.
   
     Me incorporé y me volteé para verlo de frente.
   
     -Déjame terminar de hablar por favor.
    -Está bien, soy todo oídos entonces. - Respondió mostrándome su hermosa sonrisa una vez más, esa sonrisa que me desconcentraba.
    -No ha sido fácil para mí, y estoy muy agradecida por estar conmigo desde ese primer día que llegué, estoy totalmente agradecida, sé que me he comportado como toda una idiota, y no lo hago a propósito, puedo decir que hasta hace poco no podía olvidar a Emilio, hasta que me alejé de ti y terminé en la casa de él y pude darme cuenta quién era él realmente, pude verlo estando con Jessica, y eso terminó de desilusionarme, y a su vez me hizo darme cuenta de qué es lo que realmente importa en este momento - Suspiré y lo miré fijamente a los ojos - A demás, hay algo que no está concluido todavía y deseo cerrar ese ciclo.
     -¿Qué cosa es? - Me pregunta intrigado.

     Acerqué mi rostro al suyo cerrando los ojos hasta unir mis labios a los de él; comencé a darle un beso el cual fue correspondido de su parte, me sentí libre, feliz, en paz, como si ya nada existiese más que nosotros dos, no duró mucho pero para mí fue una eternidad, la más larga y placentera que pude experimentar. Al alejar nuestros rostros nos miramos fijamente y debo admitir que me perdí en su mirada.

     -Es más mágico de lo que llegué a imaginar.

     No supe cómo responder, así que simplemente lo volví a besar, luego me recosté de su pecho y él me rodeó con sus brazos dándome el más cálido y gratificante abrazo que he podido recibir, cerré los ojos y me perdí en la oscuridad, solo flotaba y de vez en cuando observaba momentos con mi madre, con mi abuela y con mi padrastro, todos esos momentos felices a los cuales se le unía este momento mágico junto a Miguel.

miércoles, 3 de junio de 2015

Capítulo XIX - Epifanía.

     Me levanté lentamente abriendo los ojos, observé a mi alrededor y pude contemplar donde me encontraba, ¡Que hermoso! la arena tocaba mis pies desnudos y el agua del mar rozaba mis talones, el cielo era perfectamente azul, las nubes completamente blancas, juraría que podía sentir la brisa rozar mi rostro. Varios pájaros muy hermosos volaban de un lado a otro sobre las palmeras, las cuales se veían llenas de vida, comencé a caminar hasta llegar a la sombra que daban aquellos arboles. Pude contemplar la playa con tranquilidad y luego de un momento -Aunque debo admitir que si transcurrió bastante tiempo- me di cuenta que era la misma playa del sueño que alguna vez tuve, pero en esta ocasión no se encontraba Emilio ni Jessica, a cambio, se encontraba Miguel, lucía muy hermoso, con cada movimiento de su cuerpo se veía tan radiante. Cuando me dispuse a caminar hacia él una chica se acerco hasta llegar a su lado, aquella chica lucía idéntica a mí, se dieron un abrazo muy cálido y luego un beso el cual irradiaba amor. Me encontraba totalmente confundida ¿Cómo podría estar yo allá con él? Quizá podría ser la chica por la cual decidió quitarse la vida, pero no era así, al darse vuelta pude observar su rostro y descubrí lo que me pareció lo más extraño que me había pasado hasta los momentos; era yo, esa chica al lado de Miguel, la cual él la llevaba de la mano con una sonrisa radiante era yo, entonces ahí entendí que estaba frente a una epifanía, o por lo menos es lo que pensé.
     Me sumergí en mis pensamientos y en lo que estaba pasando ¿Podría ser cierto? ¿Pero cómo estaríamos juntos? Seguro él no querría verme más nunca, cada vez que ha intentado ser bueno conmigo yo solo le respondo de mala manera, he sido muy mala persona con él, no he sido nada agradecida, como lo he sido con todos. De tanto pensar en todo ello no pude determinar que todo se desvanecía a mi alrededor sino hasta que me encontré rodeada de oscuridad, ya comenzaba a odiar que esto sucediera, no era nada agradable, no conseguía orientación, no podía observar nada más que oscuridad. No pudo haber pasado mucho tiempo cuando escuché un grito el cual desconocía de donde provenía, no sé por qué lo hice, quizá por instinto, pero corrí en dirección hacia los gritos.

     -¡Ayuda! ¡Por favor ayuda! ¡Alguien que me ayude por favor!

     Estaba ya muy nerviosa, quería ayudar, quería saber de donde provenían los gritos, corría con todas mis fuerzas hasta que fui vislumbrando una carretera al frente de mi, todo lo que podría observar era el asfalto a mi pies, a cada lado de la vía habían arboles que no dejaban ver más allá que sus ramas y troncos. Las luces eran tenues, a medida que avanzaba los gritos se hacían más fuertes y las luces más intensas. A pocos metros frente a mi había un auto volcado, el pavimento mojado y una chica arrodillada a un lado llorando y gritando sobre el cuerpo de un chico, ellos poseían similitudes a Miguel y a mí. El chico tendido inerte en el suelo estaba lleno de sangre y aquella chica gritaba y lloraba implorando, pidiendo ayuda.

     -Por favor que alguien me ayude, por favor, no te mueras amor, por favor soporta, no te vayas por favor, no te mueras... ¡Ayuda! - Podía sentir su dolor y su desesperación.

     Logré acercarme disminuyendo lentamente el paso, observé alrededor y no había nadie más que nosotros.

     -Tranquila aquí estoy, déjame llamar y pedir ayuda, todo va a estar bien. - Aquella chica hizo caso omiso a lo que le decía, simplemente gritaba y lloraba desesperada. - Tranquila yo te ayudo, aquí estoy, todo va a salir bien.

     Acerqué mi mano a su hombro para tratar de hacer que se calmara y simplemente la traspasé, quedé totalmente atónita, no recordaba que estaba muerta, simplemente no podía hacer nada, solo verla llorar y sufrir mientras el amor de su vida moría. Ahora me encontraba totalmente desesperada, quería hacer algo, deseaba ayudarla, pero simplemente no podía.

     -Adriana.
 
     Escuché que me llamaban muy cerca, volteé y ahí se encontraba Miguel, parado frente a mí jadeando y su mirada delataba la preocupación que sentía. No supe cómo reaccionar, lo observé por un momento y me acerqué a él apresurada y me lancé sobre él abrazándolo. 

jueves, 28 de mayo de 2015

Capítulo XVIII - Pesar.

     No sabía cómo reaccionar, pasaron un millón de pensamientos por mi mente, pero al final no pude hacer más que dejarme llevar por ese suave y delicado beso. Tenía mucho tiempo sin sentir esta sensación, ese hormigueo, esas mariposas, esa fantasía en la mente. Por un momento tuve aquel choque de realidad tan irreal, pero nada puede ser bueno eternamente, comencé a recordar a Emilio, ¿cómo estaría? debía volver a donde estuviese y estar con él, cuidarlo, protegerlo. A pesar de todo el daño que me hizo seguía sintiendo cosas por él, para mí era mi alma gemela. Separé mis labios de los de Miguel y me levanté retrocediendo.

     -Lo siento, no puedo.

     Di media vuelta y comencé a correr sin ver atrás, logré internarme en un bosque, seguí corriendo, corría y corría por entre los árboles hasta ya no poder más, mi respiración se volvió entrecortada y no perdí el sentido de la orientación. Me detuve poco a poco hasta quedar inmóvil, respiré profundamente  y cerré los ojos. Me sentía temerosa, ansiosa, perdida, me sentía una idiota.
     Organicemos los pensamientos; se podría decir que aquel beso que me dio Miguel fue lo mejor que me había pasado en mucho tiempo, me hizo sentir tan fresca, tan alegre, me hizo sentir tantas cosas juntas que ya desde hace un buen tiempo no me hacía sentir Emilio. Por otro lado me sentí infiel, sentí que engañé al chico que he amado por tanto tiempo. De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas, recorrían mi mejilla y caían al suelo. Pude escuchar no muy lejos de mí como algunas gotas caían en un estanque o algo similar, abrí los ojos  y observé al frente, había un pequeño charco el cual no estaba ahí cuando llegué, las gotas que sonaban eran mis lágrimas. El agua ondulaba con cada gota que caía, observando aquello dejé de llorar y dejaron brotar lágrimas de mis ojos y por ende dejaron de caer en el agua la cual se calmó, quedando inmóvil, pude ver como imágenes empezaron formarse dentro del charco, me fui acercando poco a poco para lograr contemplar bien de qué se trataba, sin darme cuenta mi cercanía fue tal que mi rostro se sumergió, sentí que me halaron y caí dentro, cerré los ojos al instante todo comenzó a dar vueltas, empecé a escuchar las voces de un hombre y una mujer, y por más que intenté abrir los ojos no lo logré por la sensación de vértigo que tenía.
     Toda aquella sensación se fue calmando rápidamente y por fin logré abrir los ojos, me encontraba en la habitación de Emilio, él estaba sentado en su cama, recostado de la pared y Jessica frente a él, también sentada. La ira comenzó a inundar todo mi ser al observarlos juntos.

     -¿Ya estas mejor? - Le pregunta Jessica acariciándole el brazo.
     -Sí, siento que ya he superado toda esa incómoda situación.
    -Lo digo en serio, sé que duele perder a alguien que le hayas tenido mucho aprecio, pero amor, ya tu le habías dicho que no estarían más juntos, tu terminaste con ella, no te debes de sentir culpable, no fue tu culpa que ella decidiera quitarse la vida.
    -Sí, es cierto preciosa, ya yo no quería nada con ella, nuestra relación era muy tóxica. - Suspira - Es cierto, no debo sentirme mal por un acto tan inmaduro como el que cometió.

   Con cada palabra que decía sentía como si me clavaran un puñal por todo mi cuerpo, lenta y dolorosamente, nunca espere que dijera algo así, fue un gran choque contra la realidad.

     -Es mejor que te olvides de eso y nos concentremos en otro tema más interesante. - Dice Jessica acercándose a Emilio.

     Ella se aproximó a él y besó sus labios, Emilio sin pudor alguno le correspondió el beso. Jessica comenzó a acariciarlo mientras lo guiaba a acostarse sobre sin dejar de besarse, podía percibir la pasión y la picardía que sentía quien alguna vez fue mi chico y era algo que ya hacía tiempo que había perdido conmigo. Jessica estaba encima de él, comenzaba a quitarle la ropa lentamente, siguió  sin problema alguno hasta dejarlo completamente desnudo.
     No podía creer lo que mis ojos observaban, los cerré instintivamente y grité tan fuerte como pude, me sentía desconcertada, dolida, complemente herida, sentí como si me encontrara hundida en el mar, percibía la sensación del agua tocando mi piel, pero no me ahogaba, giraba en varios sentidos como si las olas se pelearan por mi y luego choqué contra algo y con ello aquella sensación se desvaneció.

lunes, 11 de mayo de 2015

Capítulo XVII - Mi historia.

     Dejé de abrazar a Miguel y lo miré fijamente a los ojos, pude verlo sereno pero en lo más profundo de sus mirada se percibía dolor. Instantáneamente recordé su historia, o por lo menos lo poco que me había contado. Me acomodé frente a él, me senté y lo miré por un momento sin mediar palabra mientras me preparaba a contarle un poco más sobre mí. 

     -Quisiera contarte un poco sobre mi historia.
     -¿Segura? - Preguntó denotando duda, pero en el fondo un poco de alegría.
     -Sí, tú me has contado la tuya, o por lo menos una parte, siento que debo contarte la mía.
     -Si eso quieres, soy todo oídos - Dice dibujando una sonrisa en su boca.

     No sabía por dónde empezar o qué contar exactamente. ¿Qué debía decir? ¿Cuál es realmente mi historia? Bueno, creo que debería comenzar por mi infancia, ya que acabo de contarle un poco a raíz de lo que me sucedió. 

     -Realmente no recuerdo mucho sobre mi padre, son muy pocos los recuerdos, lamentablemente estaba muy pequeña cuando él murió. Su muerte fue una gran pérdida para la familia, poseo recuerdos de mi mamá sufriendo y llorando por su muerte, le costó mucho superarla, se descuidó, Y luego que logró seguir adelante, nunca lo ha olvidado, hubo en varias oportunidades momentos emotivos entre mi madre y yo en los cuales me contaba sobré él, sobre cómo jugábamos, cómo me trataba, sobre lo feliz que se puso al saber que yo nacería. El día que murió, habían tenido una pelea muy fuerte y mi padre se fue de la casa, esa noche llovía, y cuando iba en la autopista un camión lo chocó, dio vueltas por un barranco. Tuvo muerte cerebral, llegó al hospital sin vida. 
     >>Nos mudamos de ciudad para que mi mamá no se torturara más en la casa, mi familia decidió que eso sería lo mejor; una vida nueva, un ambiente nuevo, personas nuevas, que estuviera en un lugar donde no pensara tanto en mi padre, y también podíamos estar más cerca de mi abuela. Allí conoció a mi padrastro, es decir su esposo actual. Yo me crié conociéndolo y viéndolo como figura paterna, debo admitir que sí logré tenerle mucho afecto, siempre se ha portado excelente conmigo y con mi madre, por eso le digo papá, eso lo considero. Al poco tiempo se casaron y formamos esta familia que yo he destruido.
     >>No hay gran relevancia en mi vida hasta que conocí a Emilio en realidad, así que te contaré desde ese momento. Cuando él llegó a mi vida vez para mí fue amor a primera vista, así como lo describen en las películas, al darle la mano para mí el tiempo se paralizó, y me perdí en su mirada y en su sonrisa. Luego de ese día cruzamos palabras en varias oportunidades ya que una compañera de clases me lo presentó y coincidimos en varias oportunidades. No transcurrió ni una semana cuando ya teníamos nuestros números telefónicos, comenzamos a hablar por horas y horas sin parar, me encantaba no tener sentido del tiempo cuando hablaba con él o estaba a su lado. Salimos a varias citas y a las tres semanas me pidió ser su novia, yo no podía creerlo, me sentía muy feliz, realmente me gustaba Emilio. Enamorarme de él fue muy difícil, era el hombre perfecto; atento, detallista, amable y caballero, era todo lo que pedía, hasta llegué a entregarle mi virginidad. Sentí que era el indicado.
     >>Pero como dicen, no todo puede ser perfecto, o todo lo que creemos perfecto no dura para siempre, nuestra relación maduró; ya conocía a su familia y él a la mía, llegamos a fantasear con casarnos, tener una familia, vivir juntos y todo ese tipo de cosas que me encantaba hacer con él, imaginarme crecer a su lado era como mi droga. Repentinamente comenzó a cambiar, ya no era tan detallista ni cariñoso, se había vuelto distante, pero para mí solo eran los problemas con sus padres, pues estaban en proceso de separación, así que lo comprendí completamente. Pero ya había llegado al punto donde era muy constante, y comencé a dudar, a hostigarlo, y me torturaba a mí todas las noches antes de dormir pensando en todo aquello. Hasta llegar al punto de quitarme la vida, admito no ser tan fuerte de mente, me dejé llevar por mis problemas, por esa idea de no estar con más él, con no cumplir todas aquellas cosas que planeamos; nuestra familia, nuestra casa, envejecer juntos. Todo aquello me atormentó, su descuido, su trato frío e indiferente en muchas oportunidades. Es la peor decisión que pude tomar y más por esa razón, no pensé siquiera en mi familia, solo pensé en cómo me sentía, en que no soportaría la separación, simplemente no podría. Al terminar de escribir aquella carta suicida pude controlarme, y decirme a mi misma que no lo hiciera, que todo simplemente era mi imaginación, y ahí fue cuando fui a visitarlo y lo encontré besándose con Jessica, ver aquello fue un choque muy fuerte y todos esos pensamientos suicidas vinieron a mi mente de nuevo. Cuando me encontraba en la azotea solo pensaba; es verdad, me engañó todo este tiempo, solo fui un juego para él. Esos pensamientos me consumieron y solo salté, y ahora estoy aquí, sin vida, por una persona, por una decisión egoísta.

     Terminé de hablar y agaché la mirada. Tenía miedo de qué pensara Miguel de todo lo que dije, pues no decía nada. De repente siento su mano en mi barbilla, me puse muy nerviosa, no entendía por qué, subió con delicadeza mi cabeza hasta quedar frente a la de él, ya estaba muy cerca de mí mirándome fijamente, sus ojos transmitían dulzura. Comencé a ponerme muy nerviosa, más de lo que ya estaba, no sabía qué hacer, o que haría él, bueno si tenía mis sospechar, pero no sabía cómo reaccionar, no quería moverme, no lo hice realmente y podía, los nervios no me dejaban. Él se fue acercando a mí, mientras lo hacía iba cerrando los ojos lentamente, hasta que ya estuvo muy cerca y sus labios tocaron los míos, mis ojos se cerraron de ipso facto.

martes, 5 de mayo de 2015

Capítulo XVI - Sentimietos

     Escuchaba mi nombre cada vez más cerca, cuando conseguí oír suficientemente cerca aquella voz como para suponer que se encontraba al lado mío, abrí los ojos de ipso facto, lo primero que observo es a Miguel frente a mí. Aquel chico se encontraba de cuclillas y yo sentada, recostada de un árbol.

     -¿Qué sucedió? - Pregunté confundida - ¿Dónde estamos?
     -Digamos que esto es nuestro propio paraíso.
     -Es muy hermoso.

     Comencé a contemplar todo aquel bello paisaje; los árboles danzando por la brisa, los pájaros volando y cantando, cada cosa que veía, cada detalle era simplemente hermoso. 

     -Me acaba de suceder algo que me alegró y a la vez me desconcertó - Dije repentinamente.
     -¿Qué te pasó?
     -Estuve en la casa donde viví de pequeña, cuando mi padre todavía vivía. En varios momentos me observé feliz, jugando solo y con mis padres, pude sentir lo feliz que era en aquellos tiempos, y en otros momentos observaba como mis padres discutían. Antes de aparecer acá observé, o mejor dicho, escuché a mi mamá llorando por la muerte de mi padre. Realmente no recuerdo nada eso, era muy pequeña cuando todo pasó. ¿Qué sucedió? ¿Qué significa? 

     Miguel me observó por un momento sin mediar una palabra. 

     -Lo que presenciaste cuando estuvimos en tu casa; tu mamá llorando y toda esa atmósfera, fue lo que hizo que soñaras con todos aquellos recuerdos, todo lo que quedó grabado en ti así no lo recuerdes del todo. Debes tener en cuenta que aún no controlas tus sentimientos y por ende no puedes disponer de donde estarás o a donde ir. - Observó mis gestos de preocupación y sonrió - No te preocupes, eso es normal, yo también pasé por eso.  - Hizo una pausa por un segundo - Tuve que sacarte de tu trance, comenzaron a volver los demonios, todo se tornó oscuro, ellos venían por ti.
     -Tengo miedo, no quiero que aparezcan de nuevo.
     -Tranquila, hoy no lograrás controlar tus sentimientos, pero si podrás hacerlo pronto, debes quedar en paz.

     Me quedé pensando sobre lo que me había dicho Miguel, debía controlar mis sentimientos, debía dejar de ser tan débil, no podía seguir así, ¿Qué sucedería si no lograba controlarme y los demonios me llevaban? No es de mi agrado el pensar que podría pasar toda mi eternidad en sufrimiento por el simple hecho de no ser fuerte, debía superar muchas cosas e intentar seguir mi camino, llegar a la luz o lo que sea que deba pasar. Solo sé que cada más tiempo que pasa me convenzo que este no es el cielo y no es el lugar donde deberíamos ir al morir, o donde permaneceremos la eternidad. 

     Lo miré a los ojos, su mirada era tan cálida, tan acogedora. Di un paso hacia él y lo abracé, Miguel se sorprendió y tardó en reaccionar, y sin mucha demora me abrazó. Fue una sensación muy gratificante, me hizo sentirme llena de vida, segura, a salvo, feliz, simplemente no quería alejarme de su lado.

martes, 28 de abril de 2015

Capítulo XV - Recuerdos de un padre.


     Me encontraba caminando por un sendero, de apariencia un tanto lúgubre, se podía ver al final una casa de dos plantas, se me hacía conocida dicha casa, pero no lograba recordar de dónde, me acerqué y fui directo a la puerta, entré sin ningún problema ya que se encontraba abierta. Al adentrarme escuché a una niña jugando y riendo, caminé siguiendo la risa, recorrí la casa hasta llegar a la puerta que daba al patio, la abrí y salí. Observé a la niña y me di cuenta que era yo con tan solo tres años, me encontraba jugando con mis muñecas favoritas, me veía tan alegre, tan despreocupada, tan inocente. 

  Me sumergí en aquellos recuerdos mientras me observaba de pequeña, viéndome reír. Repentinamente escucho unos gritos de pelea los cuales me sacaron de mi trance, provenía del interior de la casa, volteé y pude observar por la ventana del piso de arriba a mi mamá y a mi papá discutiendo.
     Entré a la casa apresurada y me acerqué a las escaleras, cuando me disponía a subir vi aproximarse mis padres aún discutiendo.

    -¡Ya no te soporto! intento hacer las cosas bien para los dos y para nuestra hija, pero tu actúas como una psicópata - Le grita mi papá mientras baja las escaleras.
     -¿Ahora me encasillas como psicópata? Pero creo que yo no fui la loca que se fue a acostar con alguien más - Responde mi madre siguiéndolo.
      -Ya no soporto nada más de ti, me voy de la casa.

    Mi padre ya había llegado al primer escalón, me aparté nerviosa, creyendo que me tropezaría, luego recordé que esto solo era un sueño -Si así podría decirle-.
     Él se acerca a la puerta y voltea a ver a mi madre al escuchar que habla, mientras ella se detiene terminando de bajar las escaleras.

     -No lo hagas - Dice mi madre ya brotando lágrimas de sus ojos.
     -Lo haré, estas peleas no le hace bien a la niña, y a nosotros tampoco - Abre la puerta y sale de la casa.

     La puerta comenzó a cerrarse lentamente. Toda la habitación se tornó oscura y solo podía escuchar a mi mamá llorar, comencé a llenarme de temores, corrí hacia la luz que dejaba entrar la puerta aún abierta, la abrí de par en par y salí de la casa.
  
    De alguna extraña manera me encontraba en un parque, miré al frente y podía ver a mis padres juntos y felices, riendo mientras jugaban conmigo en un columpio. Me sentía tan satisfecha al contemplar aquellos momentos tan felices en familia. Pero como he aprendido en este tiempo que ha pasado desde que morí; felicidad sin angustia o dolor no significa nada.
    Comenzó a soplar viento muy fuerte, el cual me obligó a cerrar los ojos, todo quedó en silencio que no se prolongó por mucho tiempo, el viento cesó y volvió la calma. De a dentro de la casa escucho a alguien llorar, se escuchaba como una mujer, volteé hacia la casa, me acerqué a la puerta, la abrí y entré apresurada, fui hacia las escaleras y subí corriendo, al llegar arriba observé a mi derecha, se encontraba mi pequeña yo sentada frente a la puerta entreabierta del cuarto de mi mamá, se le podía escuchar llorar dentro de la habitación, me acerqué y me detuve en frente de la puerta escuchando.

     -¿Por qué te fuiste mi amor? ¿Por qué Dios te arrancó de mi lado? ¿Por qué? - Mi madre hablaba sola con dificultad a causa del llanto.

     Repentinamente escuché que me llamaban a lo lejos, y cada vez se escuchaba más alto mientras que el llanto de mi madre lo escuchaba más lejos. Cerré los ojos y sentí cómo todo comenzó a dar vueltas. 
      El famoso silencio volvió otra vez.