lunes, 28 de enero de 2013

Capítulo IX - Condena


     No sabía realmente donde me encontraba, solo podía ver arboles y un lago en frente de mí, lo único que tenía en cuenta es que me encontraba en un bosque donde nunca antes había estado. Me llamaba la atención que estaba nevando, con solo observar podía percibir el frío. Lo más extraño de todo era que no podía sentir el frío. Era algo nuevo y extraordinario para mí, pues nunca había llegado a ver la nieve, ya que donde permanecí estando en vida no nevaba.
     Tenía que admitir que era algo magnifico y glorioso el paisaje, era muy sereno, y por un instante toda aquella paz y serenidad se apoderó de mi, todos aquellos pensamientos negativos que intentaban dominar mi mente se perdían, se desvanecían. Pero esa sensación no perduró mucho tiempo -Aunque no lo desease-. A mí vino aquel recuerdo del momento que había sucedido apenas hace unos instantes atrás. Adriana preocupada por aquel chico que solo jugó con ella.

     Era verdad lo que me había dicho, yo no la conocía bien, y ella tampoco a mí, quizás yo si sabía más de Adriana, pues mientras ella estaba en vida yo estuve a su lado sin ella saberlo. Yo presencié todo lo que sufrió con Emilio, contemple todas las veces que la engañó, pero eso es algo que ella todavía no sabía, pues no había tenido la oportunidad de hablar con ella. Me hacía sentir mal la forma en que me trató, ya yo había logrado un lazo con ella, pero lastimosamente ella conmigo no, todo aquel tiempo que pasé observándola me hizo quererla y sentir que debía protegerla, aunque realmente no fuese mi asunto. Pero cómo explicarle lo que sentí si ella no sentía nada hacia mí, no me conocía.
     ¿Cómo es posible sentir eso por alguien que no conoces realmente? Se podría decir que estaba un poco obsesionado con ella, que la razón por mi aferro hacia esa chica haya sido porque vivía una historia muy similar a la que yo viví. Pensé en desistir y dejarla que siguiera su camino, sentía que era mejor evitar acercarme a ella y buscar la luz de una vez por todas, no podía seguir aferrado a Adriana, tal vez no valía la pena, podría ser un capricho mío.

     Cerré los ojos un momento -El cual me pareció una eternidad-, sentí un vacío en mí y luego comencé a sentir un ambiente tenso. De pronto se escuchó una voz la cual se me hizo muy familiar.