miércoles, 6 de febrero de 2013

Capítulo XI - Disturbio


     Todo estaba muy callado, aun seguía con los ojos cerrados, el ambiente dejó de sentirse tenso, toda esa calma se convirtió en paz casi tangible, poco a poco fui olvidando lo que había sucedido. Abrí los ojos y observe a mí alrededor, me encontraba en un lugar hermoso; un campo repleto de flores de distintos colores realmente bellas, arboles repletos de hojas, y justo en frente se encontraba un lago ondeando pequeñas ondas por la brisa. Aquel paisaje era esplendido, me relajó con tan solo contemplarlo. De solo mirar cómo se movían las hojas de los árboles levemente me hacía sentir la brisa aunque realmente no la percibiera. Hacía un atardecer muy hermoso. Todo lo que observaba era como sacado de un cuadro del mejor pintor de todos los tiempos.
   Repentinamente el cielo se empezó a tornar oscuro, y a medida que cambiaba comenzaba a sentirme temerosa; Lo que creía que era la relación perfecta, y quien pensaba que era el amor de mi vida, quien nunca me iba a fallar, me defraudó, me traicionó y jugó con mis sentimientos. No lograba comprender del todo como pudo estar con esa chica mientras estaba conmigo.
     Ya no podía decirle nada a él, pues estaba muerta.
    Volvía a caer en cuenta; me suicidé, sin poder remendarlo, sin vuelta atrás. No podría volver a abrazar a mi mamá, no iba a conocer al bebe que venía en camino, no iba a poder cumplir mi deber de hermana mayor. Ya no podría visitar a mi abuela y escuchar sus maravillosas historias.
     Le hice tanto daño a tanta gente al decidir quitarme la vida.

    -Eres la peor persona que haya existido, mereces el infierno, mereces vagar la eternidad pagando tus pecados...

    Una voz gruesa y realmente terrorífica retumbó en aquel campo ahora oscuro y escaso de vida. Empecé a sentir frío, no sé si fue por aquella voz o por el cambio drástico de clima, pero, ¿Cómo podía sentir el frío del ambiente si tan solo un instante -y desde que morí- no podía?

     -Debes pagar todo el sufrimiento que le has hecho sentir a tus familiares... - Volvió aquella voz, resonaba y se apoderaba de mis pensamientos.

       Era cierto; yo no merecía el paraíso, fui realmente mala y egoísta.

       -¡Sí! ¡Lo merezco! - Grité fuerte cerrando los ojos.
       -¡Adriana!

    Aquella voz que dijo mi nombre fue totalmente distinta a la que me atormentaba. De la nada alguien me abrazó y luego sentí un vacío, al instante siguiente percibí paz y tranquilidad repentina.

martes, 5 de febrero de 2013

Capítulo X - Un final y un comienzo


     Me destrozaba el alma ver como lloraba y sufría Emilio por mi culpa, era el amor de mi vida, ya habían pasado tres días desde mi muerte y él no salía de su casa, hasta comía muy poco, prácticamente nada. Me había interesado más por él que por mi familia, pero no podía separarme de la persona que amaba con todas mi fuerzas.
     En todo este tiempo noté algo que me pareció extraño y me hizo sentir culpable; aquel chico que había aparecido desde que yo había fallecido no lo había vuelto a ver, podría sonar un poco extraño, pero en este lapso corto de tiempo me había acostumbrado a él. Sabía que me había comportado muy grosera con aquel chico, pero mis sentimientos hacia Emilio no me permitían dejarlo hablar así de él, pero a pesar de eso, me sucedió algo muy peculiar que me planteaba muchas interrogantes, sentía una afinidad -Por así decirle- hacía ese chico que realmente conocía poco. Se podría decir que su ausencia me hacía extrañarlo.

     Lo que sucedió a continuación marcó de una forma irremediable toda mi historia.
     Me encontraba en la habitación de Emilio, observándolo ahí, tendido en su cama, debo admitir que me encantaba hacer eso, podría durar toda la eternidad viéndolo para mí era simplemente magnifico. De repente llaman a la puerta, sacándome de mi concentración; era su mamá.

     -Hijo, te buscan.
     -¿Quién? - Preguntó él sin ánimos
     -Jessica

    Al escuchar eso Emilio se incorporó rápido en la cama, se restregó la cara y empezó a intentar acomodar su cabello con las manos.

     -Dile que pasé por favor.

     Me sorprendió el cambio drástico que hizo. Se vio rápido en el espejo y se acomodó.
    Acto siguiente entra Jessica a la habitación.

     -Hola Emilio.
     -Hola mi vida.
     -¿Cómo estás?
     -Ya mejor.

     Sentí un vacío repentino en mí al darme cuenta de la verdad.

     -¿Por qué no respondías mis llamadas? - Le pregunta Jessica. - Estaba preocupada por ti.
   -Disculpa, de verdad he estado muy mal estos días, ni siquiera sé dónde está mi teléfono -Le responde Emilio bajando los ánimos.
     -¿Qué pasó?
     -Mi ex novia se suicidó

     Jessica se sorprendió, con la única reacción de taparse la boca con las dos manos.
     Al escuchar eso fue como morir nuevamente, como recibir una puñalada directamente al corazón.

     -¿Cómo pasó? - Luego de un momento de silencio preguntó Jessica.
     -El día que me fui repentinamente de tu casa, ella nos vio...
    -Me vas a disculpar mi comentario Emilio, se que puede caer mal pero realmente mi intención no es sonar pedante ni nada por el estilo, pero fue muy inmadura al hacerlo por esa razón.
     -Fue mi culpa. - Fue lo único que logró responder él.
    -Eso no fue tu culpa, ustedes ya habían terminado, no fue tu culpa que las cosas no resultaran. - Hizo una pausa - por mas aferro que te haya tenido... No sé, no apoyo eso, ella no debió, no vale tanto para hacer eso, y sé que tu eres un gran chico Emilio, pero nadie se debe quitar la vida por otra persona... no es tu culpa...

     Lo que dijo ella me enfureció exorbitantemente, no tenía ningún derecho de hablar así de mi. Pero era cierto, fue inmaduro y egoísta de mi parte. Él no valía tanto como para haber hecho lo que hice, pero ya no había marcha atrás, lo hecho, hecho está.

     -Sí, es cierto lo que dices, pero igual no puedo dejar de sentirme culpable...
     -Emilio, ya, en serio, no es tu culpa...

     Jessica se acerca a él y lo abraza, luego lo mira a los ojos y...
    Nunca me había sentido tan devastada, y era real, mi mundo se derrumbaba rápidamente. Ver como se besaban me hacía sentir la idiota más grande de este mundo.

     -Si mi amor, es cierto - Responde Emilio.

    Me empecé a sentir prepotente, enojada y con ganas de llorar. Intenté golpear a Jessica por impulso, y por alguna extraña razón logré tocarla. Ella cayó en la cama por la fuerza con que la empujé.

     -Mi amor ¿Qué te pasó? - Le pregunta Emilio sorprendido.
     -No sé, sentí como si me hubiesen empujado.

     Emilio ayuda a Jessica a levantarse.

     -¡Te odio! - Grité en un intento absurdo de que me escuchara.

     Cerré mis ojos deseando que todo fuese un sueño.

   Me inundó el silencio rotundo, empecé a sentir calma y paz, mis malos sentimientos y pensamientos se empezaban a calmar, aquel odio que sentía desaparecía rápidamente.