Nos concentramos en pensar que la vida debe ser justa con nosotros en todo momento, y la juzgamos cuando no somos afortunados con lo que realmente deseamos serlo, simplemente repetimos una y otra vez que carecemos de suerte, que somos desdichados. Comenzamos a obrar bien pero esperando algo a cambio, dejando a un lado todo lo aprendido, dejando atrás aquella frase; Obremos bien sin esperar nada a cambio. Ese simple error lo seguía cometiendo aún después de muerto.
Cuando aún vivía y estaba junto a Camila debo admitir que cometí muchos errores. Siempre quise lo mejor para los dos, me esforzaba por darle cada cosa que pudiese que la hiciera feliz, trataba de estar con ella el mayor tiempo posible y aprovecharlo, hice -a mi parecer- tanto bien a nuestra relación que terminó siendo malo, siempre le di todo mi apoyo al igual que mi familia, nunca dejé de desearle lo mejor y lo que recibí a cambio fue una traición; se alejó de mi, se fue con alguien más sin siquiera pensar en todo lo que hice por ella. Entonces ahí es donde se encuentra el detalle, se suponía que todo lo que hacía era porque mi corazón me lo dictaba, simples actos despreocupados, pero eso no fue tal cual, una parte de mi lo hacía para mantenerla a mi lado, pues junto a ella me sentía tan feliz, tan especial, tan a gusto que vulgarmente quise comprar su amor, y está sobreentendido que nada de lo que hice sirvió, era de esperar que tarde o temprano ella se iría de mi lado.
Era tan grande lo que sentía por esa chica que cuando se alejó fue un choque muy fuerte a mi ser, no podía aceptar lo que estaba pasando, y ahí fue donde se originó mi punte de quiebre. Me encontraba en mi casa solo, no pasaban las veinte horas mientras que mi ansiedad crecía en conjunto a la tristeza, decidí levantarme y salir de la casa, caminé no por mucho tiempo hasta llegar a una tienda y compré licor suficiente como para caer en coma etílico, realmente no pensaba, solo actuaba. De regreso a casa recordé que un vecino amigo mío un día me dijo borracho que conseguía droga con facilidad, no me costó pensar mucho en llamarlo y pedir que me consiguiera un poco, en un cuarto de hora ya me la estaba entregando, entonces en ese instante fue donde inició el fin de mi estadía en la tierra. Al llegar a casa serví el primer vaso con licor y lo bebí completo de un solo trago, sentí como me quemó toda la garganta y bajaba hasta llegar a mi estomago,serví el segundo y lo tomé de la misma forma, arrugando mi rostro por el desagrado, luego serví el tercer trago y encendí una varilla, bebía y fumaba intercalando pero tan rápido como se desboronaba mi alma.
Una a una fueron cayendo las lágrimas por mis mejillas, el olor que desprendía la varilla impregnaba todo lo que se encontraba a mi alrededor, sin dejar de contar mi ropa y mi piel, comencé a sentirme mareado, los labios y la lengua empezaron a adormecerse, dejando sentir ese característico hormigueo, perdiendo poco a poco la sensibilidad. Por más que me mordiera la lengua o pellizcara los labios no sentía dolor. Cerré los ojos por un segundo y todo el universo se movió bruscamente a mi alrededor, haciéndome perder estabilidad y desplomándome en el suelo. Esta era mi agonía, se sentía como el final. Comencé a buscar mi celular arrastrándome por el suelo de la habitación hasta obtenerlo, lo cogí con mis manos como pude y cometí mi peor error; Llamar a Camila.
-¿Aló Miguel?
-Camila, Camila, T-te amo - Balbuceé.
-¿Estas bebiendo?
-Te amo Camilia - Era lo único que podía modular a decir verdad.
-Ya Miguel en serio, ya lo nuestro se acabó.
Y esas fueron las ultimas palabras que escuché de su parte, las cuales me perturban hasta el día de hoy.
Cuando culminó esa llama salí de mi casa y comencé a correr por la calle sin rumbo fijo, solo quería correr, la brisa silbaba en mis oídos, el frío helaba mi nariz y mis piernas fallaban de vez en cuando haciendo que me tambalease, pero sin prestar mucha atención a todo aquello seguía mi camino, y de repente todo se vuelve en silencio. No recuerdo mucho lo que pasó, tan solo en mi memoria existen en vago recuerdo de unas luces, y un golpe muy estruendoso antes de que todo se convirtiese en tinieblas.