No podía seguir viéndola sufrir, no podía dejar que los demonios siguieran atormentándola e intentando llevársela. Sabía que me había decidido alejarme de ella para no ser una molestia nunca más, pero no podía dejarla ahí, si los demonios se la llevaban no me lo perdonaría nunca en la eternidad.
En medio de su tormento me acerqué rápidamente a ella y la abracé, al hacerlo me sentí inmensamente feliz, esperaba eso sucediera desde hace mucho tiempo. Todo aquel ruido se desvaneció y nos atrapó un silencio profundo, sin brisa, sin brillo. Solo un silencio oscuro.
La sentía muy cerca de mí, como se tranquilizaba y se relajaba.
Todo era como un sueño del cual no deseaba despertar nunca, hasta hace unos instantes pensaba que esto nunca iba a pasar, que jamás la tendría tan cerca, sin rechazarme.
Pero tan pronto como la emoción me invadió me desilusioné y volví a caer en la realidad; mis pensamientos carecían de certeza, nos encontrábamos así por el simple hecho de ella estar todavía en su trance.
Sin importarme nada aproveché el momento y lo disfruté, tan mágico fue estar al lado de ella, me sentía feliz, relajado y sereno. Había olvidado la última vez que había sentido todo aquello junto. De repente todo se empezó a iluminar, el sol brillaba radiante en el horizonte, detrás de montañas increíblemente verdes y llenas de vida. Cerca de nosotros había flores muy hermosas, de colores, pájaros volando y cantando, todo aquello me invadió, me llenó de paz, de alegría.
Empecé a recordar cuando la vi por primera vez, y todo lo que transcurrió durante este tiempo, no soportaba verla sufrir, realmente aquel quien decía amarla no lo hacía y le era infiel, y ella no lo merecía, traté siempre de cuidarla, y si hubiese podido evitar que se quitara la vida, lo hubiese hecho y estaría feliz igual, aunque estar con ella en este momento abrazándola era un total éxtasis de alegría, preferiría verla viva y que siguiera su vida, lo menos que deseaba era que terminara como yo, haciendo lo mismo que yo hice, solo por dejarme llevar por pensamientos absurdos, por dejarme llevar por aquellos demonios.
Deseaba estar así, con ella, por toda la eternidad, pero todo debía terminar en algún momento, y fue más rápido de lo que quería.
Adriana empezó a despertar de su trance, se fue incorporando poco a poco y yo mentalizaba el adiós definitivo.