lunes, 17 de septiembre de 2012

Capítulo VII - Perspectivas


    Mientras iba cayendo, por mi mente pasaban todos aquellos recuerdos más preciados que yo poseía, esos momentos felices. Pasó tan lento todo aquel momento en le que estuve cayendo; sentía como la brisa golpeaba mi rostro, recordé a mi familia, a mi papá, a mi mamá... a la hermanita o hermanito que iba a tener, lo bien que lo pasaba en compañía de mi madre, lo maravilloso que debería ser la hermana mayor, todo lo que podía enseñarle. Ya era muy tarde para arrepentirse, por más que deseara no haber saltado, ya no había vuelta atrás, no podía regresar el tiempo. Brotaron lágrimas de mis ojos y el viento hizo que recorrieran mi rostro. Extrañaría mucho a mi familia, ya tan solo me quedaba hacerme una promesa; "Donde quiera que fuese o estuviese cuidaría de mi madre y del bebé que se formaba dentro de ella".

     Y entre mis pensamientos sentí un leve dolor en mi cabeza, seguido a eso me invadió una sensación de vacío, todo estaba oscuro y en calma, sentía que flotaba en la nada; ¿Aquí es a donde vamos después de morir? ¿Esto es todo?

     Comencé a escuchar unas sirenas de ambulancia a lo lejos, y pronto empecé a oír murmullos de personas, se me estremeció el cuerpo -Si es que así le podía llamar- al escuchar esa voz peculiar, esa voz que desesperada gritaba entre llantos.

     -¡No! ¡Mi hija no! ¿Por qué? - Cada vez se escuchaba más cerca.

     ¡Era mi mamá!

    Rápidamente la oscuridad se desvanecía, se iluminaba. Una luz cegadora apareció frente a mí y junto a ella cada ruido se hacía más fuerte, tuve que cerrar los ojos por la intensidad de la luz. Escuchaba a mi mamá llorar desesperada, la sirena de la ambulancia, luego un golpe seco se escucho y por último el sonido de un motor.
    Abrí los ojos y lo primero que observé fue a mi mamá sentada frente a una camilla llorando desesperada, al voltear noté que la persona que se encontraba en la camilla estaba tapada por completo, me estremecí al pensar que esa era yo.
     Por mi mente vagaban recuerdos fugaces; lo feliz que era de pequeña con mis padres.
    Repentinamente vino a mí un recuerdo muy peculiar; me encontraba en el parque jugando en cada rincón de él, me montaba en el columpio, reía, me veía tan alegre, mi padre me columpiaba, él reía también, mi mamá nos observaba sonriendo a lo lejos, se encontraba muy alegre. De repente ese recuerdo se convirtió en oscuridad, una neblina cegadora, a la cual la acompañaba un frío ártico, empecé a sentirme temerosa, comencé a desesperarme.
     Se escuchaba que alguien lloraba a lo lejos, la neblina empezó a disiparse y el frío dejó de ser tan intenso, en frente de mí comenzó a divisarse una luz muy blanca y pequeña, era muy brillante, comencé a sentir ganas, o mejor dicho, deseos de ir hacia ella, titubé un segundo y empecé a caminar lentamente, con cada paso que daba esa luz se comenzaba a expandirse más y más ¿Esto será el camino al cielo?

     -No, no puede ser el cielo, aún sigo escuchando a esa persona llorar ¿Cuál sería la razón de que alguien llorara en el cielo? - Me dije a mi misma.

      Empecé a observar un pasillo largo, y luego de un momento de caminar -Cual a mí me pareció una eternidad- se materializó frente a mí una puerta. Los sollozos se escuchaban más fuertes y claros, y frente a esa puerta entrejunta había una niña sentada en el suelo, recostada de la pared.
     ¡Esa niña era yo! y quien lloraba era mi mamá. Todo empezó a cobrar sentido en mi mente, este era el recuerdo de cuando mi papá había muerto. Luego que sucediera, mi mamá había entrado en depresión, la cual se prolongó por varios meses, casi un año.
     Comencé a sentir taquicardia, me desesperé, me asusté, sentía que era una basura, no merecía ir al cielo, dejé a mi mamá, entraría nuevamente en depresión, al igual que aquella vez. Fui muy egoísta al hacer lo que hice, abandoné a mi madre ¿Por qué no pensé en ella? ¿Por qué fui tan despiadada?

     Otra vez volvió a tornarse oscuro todo, pero no se prolongó mucho tiempo. Se comenzó a aclarar y me encontré en una habitación cual no reconocía, me hallaba en frente de una camilla, ahí yacía un cuerpo tapado por completo con una tela, me preguntaba dónde me encontraba ahora, estaba totalmente segura que eso no era un recuerdo. Entraron dos personas hablando entre ellos a la habitación, no le presté atención a lo que hablaban. Los dos señores voltearon a donde yo estaba.

      -No l-lo siento, no sé cómo llegue aquí - Dije asustada avanzando un poco hacia ellos.

     No dijeron nada y empezaron a caminar hacia mí, se acercaban cada vez más y de pronto...
    Fue la sensación más extraña que había podido sentir, no chocaron conmigo, solo me traspasaron, y al momento de hacerlo sentí un frío muy intenso. Se acercaron a la camilla, yo volteé y los observé, se proponían quitar la sabana.

     -No querrás ver.

     La voz provenía detrás mí, giré asustada. Frente a mí se encontraba un chico alto -muy lindo debo admitir-, me sorprendió que pudiera verme, pero por más que quise decirle algo no pude articular ninguna palabra.

    -Es mejor que no veas... - Me dijo al ver que no hablaba - Tranquila, es que es extraña la sensación, es mejor que estemos en otro lado - Se dio vuelta y avanzó, se detuvo al darse cuenta que yo no me movía, giró y me hizo señas con la mano animándome a seguirlo con una sonrisa cálida.

     Titubé un momento y luego avancé. Al acercarnos a la puerta él no la abrió sino que la atravesó y yo lo seguí, al atravesar la puerta tuve una sensación muy desagradable.

     -Tranquila te acostumbrarás - Sonrió
     -¿Esa era yo? -Al fin pude articular alguna palabra - ¿La de la camilla?

     Aquél chico adopto un gesto serio, borrando todo rastro de aquella agradable sonrisa suya.

     -Si - Dijo triste - Es mejor que no te observes así, no querrás pasar por ese trago amargo...
     -Pero quiero hacerlo
    -No te lo estoy impidiendo, solo te doy un consejo, estas en toda tu libertad... - Hizo una pausa - No quiero que pases el trago amargo que yo pasé - Bajó la mirada un momento, luego la subió y sonrió.

    Titubé; quería ir y verme, quería convencerme, era... era una sensación extraña el pensar que estaba muerta. Suspiré y decidí no ir.

   -Estoy... no sé si confundida sea la palabra correcta, no sé cómo expresar todo lo que estoy sintiendo...
     -Tranquila, pronto pasará todo - Me dijo - Si deseas estaré aquí, sé que no sabes quién soy, pero igual si lo deseas aquí estaré, por alguna duda que tengas o si necesitas compañía... - Terminó sonriendo.
      -Gracias - Intente sonreír.

     No sé qué sucedió; era verdad que no sabía quién era, pero me sentí segura, sentía que lo conocía desde hacía ya mucho tiempo, al verlo se me hacía peculiarmente conocido, pero no sabía de dónde.
   De algo estaba segura, necesitaba de él para salir de muchas dudas; ¿Es aquí a donde permanecemos al morir? Me sentía temerosa...

domingo, 9 de septiembre de 2012

Capítulo VI - Entrelazados


     No soportaba el descaro de aquel chico, luego de haber estado con otra chica un día antes, volvía a ver a Adriana como si nada pasara. Ella olvidaba el enojo que sentía por la discusión previa. Se quedó dormida en sus brazos, ya yo no soportaba ver el engaño.

     Repentinamente todo se oscureció, empecé a escuchar sonidos similares como al del mar y de aves, todo empezó a iluminarse lentamente, valla sorpresa, me encontraba en la playa, me pareció muy extraño lo que estaba sucediendo, Adriana se encontraba a lo lejos, su novio caminaba no muy lejos de ella con otra chica, sentí nuevamente enojo, me fui acercando a la chica que inocente no se enteraba de lo que sucedía, empecé a llamarla, ella volteó a verme y adoptó un gesto de extrañes. Luego observó a su novio con la otra muchacha y empezó a llorar.
     Todo se volvió oscuro y aparecí nuevamente en la habitación donde ella dormía inocente en los brazos de su novio. Y de repente se despertó acelerada.

     -¿Qué pasó mi vida? - Preguntó él.
     -Solo tuve un mal sueño... - Le costaba respirar - Solo eso...
     -¿Qué soñaste princesa?
     -Soñé... - Hizo una pausa - En el sueño estabas con una chica que no era yo, estaban en la playa, se abrazaban se besaban y yo los veía... - Se le empezaron a aguar los ojos.

     Él la abrazó.

     -No seas tonta, solo es un mal sueño ¿Sí?, yo jamás te haré eso, te lo prometo…

     No soportaba ver cómo le mentía, era inaceptable su descaro. Empecé a caminar de un lado a otro sin poder hacer nada, mi ira seguía creciendo... 
     Sin previo aviso Adriana gritó.

     -¿Qué pasó? - Preguntó él extrañado.
     -Vi algo - Articulo asustada - Vi que alguien pasó...
     -Pero aquí estamos solos tú y yo mi niña
     -No estoy loca, en serio vi que alguien pasó...

     Quedé atónito y petrificado ¿Me pudo ver? fue extraño, me alegré por un momento, al fin, aunque sea un instante me pudo ver...
   
                                                                            ***

     Vi sus ojos, tenía una mirada perdida, lágrimas caían por su rostro, tenia algo muy peculiar en su mirada, algo cual yo ya conocía, me desesperé, ¡Tenía que hacer algo! ¡Tenía que evitar que cometiera una locura!

     -¡No lo hagas! - Grité estando a su lado - ¡No cometas una locura! ¡No lo hagas! - Quería que me escuchara - ¡Por favor no! - Empezaron a brotar lágrimas de mis ojos, me encontraba muy desesperado.

     Me dolía ver que por su mente paseaba la idea de querer quitarse la vida. Estaba en total agonía, por más que yo gritara ella no me escucharía, no sabía que hacer. Por la ira que sentía dentro de mí intenté golpear un marco que tenía una foto de ella y Emilio, y cayó al suelo. Quedé perplejo ¿Cómo es que lo pude tumbar si todo lo que tocaba lo traspasaba?
    Ella se asustó, se levantó y corrió fuera de la habitación, agarró sus llaves y salió de la casa. Empezó a caminar a casa de su novio, mientras caminaba observé que tenía un papel en la mano, lo contempló un momento y lo guardó en el bolsillo del pantalón.
     Al estar cerca de la casa de su novio, ve que él se encontraba afuera con una chica, se quedó extrañada, y al acto siguiente se besan en la boca, Adriana se detiene en seco y comienza a llorar, su novio la observa y queda petrificado, ella llorando da media vuelta y empieza a correr, él tras observarla corre hacia ella.
     Corre por unas calles hasta llegar a un edificio, entra y sube hasta la azotea. Observa el papel que llevaba en el bolsillo, lloraba desesperada y se acercaba lentamente al filo de la azotea. Emilio entra y la observa.

     -¿Podemos hablar Princesa? - Dijo aun perplejo y entrecortado por el agotamiento.
     -Adiós, gracias por todo.
     -No me iré hasta que me dejes hablar.
     -Ya es muy tarde; me mataste
     -¿Qué quieres decir con eso? - Dijo mientras ella se acercaba al borde.

    Ya mi nivel de desesperación era muy alto, no hallaba como evitar que se suicidara, Emilio no podía evitarlo y yo menos.

    -¡No lo hagas! - Gritaba - ¡Por favor! ¡No cometas un error! - Deseaba que me escuchara - ¡Te arrepentirás! por favor...

    Intentaba halarla pero la traspasaba, mi desespero aumentaba cada vez más a medida que se acercaba a la orilla.

     -¡No lo hagas por favor! - Ya no podía más.

    Por mi mente empezaron a rondar rápidamente esos momento cuando morí, pasaban fugaz aquellos recuerdos cuando mi madre me observaba yacido muerto, esa imagen quedó grabada en mí sin posibilidad de eliminarla.

     Un grito me sacó del trance en que me encontraba, un "no" que provenía de Emilio. Observé como Adriana avanzaba hacia el filo, cayó dando sus últimos pasos, y en ese momento, justo ahí ya todo estaba perdido, sin poder dar vuelta atrás.