Me costó un poco entrar en razón y comprender lo que había sucedido; ¡Estaba muerto!
Me preguntaba ¿Este es el cielo? pero enseguida me di cuenta que no, no se encontraba Dios, ni siquiera la presencia de ángeles, solo veía muchas personas que me pasaban por al lado sin decirme absolutamente una palabra, pero sus miradas no se alejaban de mi hasta que no podían observarme más.
Cuando por fin entré en razón y acepté que había muerto estuve siguiendo por un tiempo a mi novia - O bueno, mi ex novia - y me sorprendió comprobar que se había olvidado de mi mucho antes de yo morir, solo me lloró un días y luego siguió su vida con aquel chico por el que me dejó. Fue como caer de un edificio muy alto y chocar contra el concreto.
Me di cuenta de lo estúpido e idiota que fui, desperdicié el final de mi vida sumergido en una depresión que para mí fue eterna ¿Y para qué? para nada, hasta ahora es que me doy cuenta que nunca volvería a mí, pero ya es muy tarde para sentirme arrepentido, ya estaba muerto. Pero justo en ese momento fue que todo cambió.
Repentinamente escuché a una chica llorando, no sabía de dónde provenía, pero cada vez se oía más nítido, como si se acercase a mí, pero esa no era lo que sucedía, al contrario, yo me empecé a acercarme a ella sin darme cuenta.
-No puedo ser tan estúpida - Decía entre sollozos - Siempre es lo mismo, yo quedo como la mala, y de paso me la paso todos los días llorando por él.
-¡No llores por él! Si te hace daño constantemente no vale la pena, no te merece... - Grité acercándome a ella y cuando la fui a tocar, simplemente la traspasé.
Por un momento había olvidado que estaba muerto.
Fue inexplicable lo que sentí, verla llorar, tirada en el suelo, sentí tanto enojo por dentro, sentía como si fuese mi familia, como si tuviésemos un lazo, o mejor dicho, como si fuese la persona que más amaba en el mundo quien sufría. Me sentía conectado con ella, como si ya la conociera - Aunque no se me hacia familiar - en fin, sentía que era quién estaba destinada estar conmigo por la eternidad.
Luego de ese día pasaron muchas otras cosas que me confundían. A partir de ese momento donde quisiese que ella se encontrase, ahí estaba yo, aun si así no lo deseara. Pero no me enojaba, cada día quería estar más a su lado para cuidarla, aunque realmente no podía hacer nada. Me conecté con ella, me di cuenta de lo mal que la pasaba, comprendí su sufrimiento, me recordó como me sentía yo cuando estaba vivo, con alma y corazón destrozados por aquella chica que de mí se olvidó, e inconscientemente provocó mi muerte.
Cada noche que ella lloraba yo me encontraba a su lado susurrándole al oído que todo estaría bien, que no sufriera por él… suponía que eso funcionaría.
Un día, sin entender por qué me encontraba en casa de su novio, él se estaba arreglando y supuse que era para verla a ella, pero no fue así; alguien llamó a la puerta y al abrirla había una chica quien lo saludó con un beso en la boca. Quedé totalmente atónito al ver que la engañaba, que ella sufría y él sin tomarle importancia, sin sentir leve interés por los sentimientos de esa preciada alma que lloraba casi todas las noches.
Desde ese momento sentí que me uní mas a ella sin siquiera conocerla, o mejor dicho, sin siquiera poder conocerla. Sentía que me acercaba cada vez más a ella ya que podía comprender su dolor, me sentía muy identificado, ese dolor que ella vivía, la desesperación, la agonía, la duda... sin poder hacer nada por ayudarla, y ella sin poder hacer nada para evitar sentirse así, pues ese chico era la persona que amaba. Y es así; cuando uno se enamora se vuelve ciego, y por más que se tenga la verdad en la cara pocas veces se acepta, o dicho de otra forma; no se desea aceptar, cuando uno se enamora se vuelve un completo idiota. Y como me pasó a mí, así le pasó a ella.