Sentirlo tan cerca de mí fue muy gratificante, hizo que me calmara. A pesar de que no quería soltar debí hacerlo, lo miré a los ojos con dolor por la escena que estábamos presenciando.
-Quiero ayudarlos Miguel, debemos ayudarlos - Le dije preocupada, él solo me observaba sin hacer nada. - Debemos hacer algo, no podemos dejar que él muera. - Me perturbaba ver que Miguel no hacía nada.
No comprendía absolutamente nada de lo que pasaba ¿Por qué Miguel no hacía nada? No se movía, no me respondía ni con un solo gesto. De la nada me abrazó por pocos segundos, luego retrocedió dos pasos.
-No podemos hace nada, no lo podemos salvar, ya no se puede hacer nada.
Y con sus palabras fue desvaneciéndose ante mis ojos, luego volteo y ya no se encontraba ni la chica, ni su amado, ni el carro, habían desaparecido por completo, no me di cuenta en qué momento pasó, en qué momento dejé de escuchar los gritos desesperados. Estaba cansada de sentirme confundida, de no saber qué pasaba, de no comprender nada, cerré mis ojos tan fuerte como pude al igual que mis manos, apretando los puños y repitiéndome a mi misma una y otra vez; no quiero estar aquí, no quiero estar aquí, no quiero estar aquí...
Sentí un vacío, esa sensación de estar flotando, y debo admitir que no me preocupé, al contrario, me hizo sentir relajada, pero aquella sensación no duró mucho cómo ha sido todo desde un principio desde que morí, comencé a sentir como me rodeaba un ambiente húmedo, ligero, alegre, lleno de paz, pude percibir bajo mis pies el césped fresco, comencé a escuchar a los pájaros cantar y revolotear alrededor de mí, abrí mis ojos y confirmé lo que sospechaba; me encontraba en mi lugar de confort.
Comencé a caminar acercándome al lado que se encontraba en frente de mí, con cada paso que daba podía sentir como el césped rozaba cada parte de mis pies descalzos, percibía la humedad que había en él, los pájaros me pasaban revoloteando por un lado sobre mi cabeza, los árboles danzaban majestuosamente en los alrededores de aquel esplendido lago. Al llegar a la orilla me senté y cogí un puñado de piedras que había cerca, comencé a arrojarlas una a una irrumpiendo en la tranquilidad del agua. Me quedé observando las hondas que hacían las piedras, que majestuosa es la naturaleza, que hermoso es este lugar, en eso es lo único que podía pensar.
-Cómo desearía que Miguel estuviese aquí - Dije luego de suspirar, pues realmente eso era lo que deseaba, no tenía a nadie más acá.
-Los deseos se pueden volver realidad.
Volteé de ipso facto al escuchar esa dulce voz; Miguel se encontraba parado detrás de mí viéndome fijamente con una leve sonrisa. Me levanté rápidamente quedando frente a él y lo abracé.
-Gracias por estar aquí, gracias por venir.
-No tienes que agradecer nada.
Dejé de abrazarlo y lo observaba muy emocionada, ya no era tan extraño sentirme así estando a su lado, no me estaba acostumbrando, pero si asimilaba cada cosa que pasaba en mi interior.
-Vamos a sentarnos, es mejor.
-Sí, sentémonos - Dije un poco nerviosa.
Nos sentamos frente al lago y lo observamos por un largo rato, no pude evitar recostarme de su hombro y rodear su brazo con los míos, me encontraba en el éxtasis de la felicidad y la calma.
-Me da vergüenza en estos momentos pedirte disculpas por mi actitud...
-Tranquila Adriana, desde un principio te dije que estaría aquí para ayudarte y acompañarte - Me interrumpió sin prestar mucha atención a lo que yo decía.
Me incorporé y me volteé para verlo de frente.
-Déjame terminar de hablar por favor.
-Está bien, soy todo oídos entonces. - Respondió mostrándome su hermosa sonrisa una vez más, esa sonrisa que me desconcentraba.
-No ha sido fácil para mí, y estoy muy agradecida por estar conmigo desde ese primer día que llegué, estoy totalmente agradecida, sé que me he comportado como toda una idiota, y no lo hago a propósito, puedo decir que hasta hace poco no podía olvidar a Emilio, hasta que me alejé de ti y terminé en la casa de él y pude darme cuenta quién era él realmente, pude verlo estando con Jessica, y eso terminó de desilusionarme, y a su vez me hizo darme cuenta de qué es lo que realmente importa en este momento - Suspiré y lo miré fijamente a los ojos - A demás, hay algo que no está concluido todavía y deseo cerrar ese ciclo.
-¿Qué cosa es? - Me pregunta intrigado.
Acerqué mi rostro al suyo cerrando los ojos hasta unir mis labios a los de él; comencé a darle un beso el cual fue correspondido de su parte, me sentí libre, feliz, en paz, como si ya nada existiese más que nosotros dos, no duró mucho pero para mí fue una eternidad, la más larga y placentera que pude experimentar. Al alejar nuestros rostros nos miramos fijamente y debo admitir que me perdí en su mirada.
-Es más mágico de lo que llegué a imaginar.
No supe cómo responder, así que simplemente lo volví a besar, luego me recosté de su pecho y él me rodeó con sus brazos dándome el más cálido y gratificante abrazo que he podido recibir, cerré los ojos y me perdí en la oscuridad, solo flotaba y de vez en cuando observaba momentos con mi madre, con mi abuela y con mi padrastro, todos esos momentos felices a los cuales se le unía este momento mágico junto a Miguel.
Sentí un vacío, esa sensación de estar flotando, y debo admitir que no me preocupé, al contrario, me hizo sentir relajada, pero aquella sensación no duró mucho cómo ha sido todo desde un principio desde que morí, comencé a sentir como me rodeaba un ambiente húmedo, ligero, alegre, lleno de paz, pude percibir bajo mis pies el césped fresco, comencé a escuchar a los pájaros cantar y revolotear alrededor de mí, abrí mis ojos y confirmé lo que sospechaba; me encontraba en mi lugar de confort.
Comencé a caminar acercándome al lado que se encontraba en frente de mí, con cada paso que daba podía sentir como el césped rozaba cada parte de mis pies descalzos, percibía la humedad que había en él, los pájaros me pasaban revoloteando por un lado sobre mi cabeza, los árboles danzaban majestuosamente en los alrededores de aquel esplendido lago. Al llegar a la orilla me senté y cogí un puñado de piedras que había cerca, comencé a arrojarlas una a una irrumpiendo en la tranquilidad del agua. Me quedé observando las hondas que hacían las piedras, que majestuosa es la naturaleza, que hermoso es este lugar, en eso es lo único que podía pensar.
-Cómo desearía que Miguel estuviese aquí - Dije luego de suspirar, pues realmente eso era lo que deseaba, no tenía a nadie más acá.
-Los deseos se pueden volver realidad.
Volteé de ipso facto al escuchar esa dulce voz; Miguel se encontraba parado detrás de mí viéndome fijamente con una leve sonrisa. Me levanté rápidamente quedando frente a él y lo abracé.
-Gracias por estar aquí, gracias por venir.
-No tienes que agradecer nada.
Dejé de abrazarlo y lo observaba muy emocionada, ya no era tan extraño sentirme así estando a su lado, no me estaba acostumbrando, pero si asimilaba cada cosa que pasaba en mi interior.
-Vamos a sentarnos, es mejor.
-Sí, sentémonos - Dije un poco nerviosa.
Nos sentamos frente al lago y lo observamos por un largo rato, no pude evitar recostarme de su hombro y rodear su brazo con los míos, me encontraba en el éxtasis de la felicidad y la calma.
-Me da vergüenza en estos momentos pedirte disculpas por mi actitud...
-Tranquila Adriana, desde un principio te dije que estaría aquí para ayudarte y acompañarte - Me interrumpió sin prestar mucha atención a lo que yo decía.
Me incorporé y me volteé para verlo de frente.
-Déjame terminar de hablar por favor.
-Está bien, soy todo oídos entonces. - Respondió mostrándome su hermosa sonrisa una vez más, esa sonrisa que me desconcentraba.
-No ha sido fácil para mí, y estoy muy agradecida por estar conmigo desde ese primer día que llegué, estoy totalmente agradecida, sé que me he comportado como toda una idiota, y no lo hago a propósito, puedo decir que hasta hace poco no podía olvidar a Emilio, hasta que me alejé de ti y terminé en la casa de él y pude darme cuenta quién era él realmente, pude verlo estando con Jessica, y eso terminó de desilusionarme, y a su vez me hizo darme cuenta de qué es lo que realmente importa en este momento - Suspiré y lo miré fijamente a los ojos - A demás, hay algo que no está concluido todavía y deseo cerrar ese ciclo.
-¿Qué cosa es? - Me pregunta intrigado.
Acerqué mi rostro al suyo cerrando los ojos hasta unir mis labios a los de él; comencé a darle un beso el cual fue correspondido de su parte, me sentí libre, feliz, en paz, como si ya nada existiese más que nosotros dos, no duró mucho pero para mí fue una eternidad, la más larga y placentera que pude experimentar. Al alejar nuestros rostros nos miramos fijamente y debo admitir que me perdí en su mirada.
-Es más mágico de lo que llegué a imaginar.
No supe cómo responder, así que simplemente lo volví a besar, luego me recosté de su pecho y él me rodeó con sus brazos dándome el más cálido y gratificante abrazo que he podido recibir, cerré los ojos y me perdí en la oscuridad, solo flotaba y de vez en cuando observaba momentos con mi madre, con mi abuela y con mi padrastro, todos esos momentos felices a los cuales se le unía este momento mágico junto a Miguel.
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