lunes, 29 de abril de 2013

Capítulo XIV - Esperanza


     Luego de aquella confesión realmente no sabía cómo sentirme, estaba devastada, fui realmente una idiota, ¿Cómo pude hacer eso?

     -¿Puedo preguntar por qué esa cara? - Me preguntó Miguel luego de un extenso momento de silencio mutuo.
     -No sé qué decir - Fue una respuesta muy vacía de mi parte - Me siento una idiota, tome una decisión sin pensar, solo me deje guiar por mis impulsos, y ahora no hay reversa, no puedo corregir este error.
       -Sé cómo te sientes.
       -Gracias - Lo vi a los ojos y le sonreí
       -¿Por qué agradeces?
       -Por haberme cuidado e intentado detenerme cuando fui a aquella azotea, sin conocerme siquiera, gracias por estar aquí luego de que saltara... De verdad te lo agradezco
       -Tranquila, lo hice con sinceridad, te he cogido mucho aprecio.

      Sonreí levemente y me sumergí veloz en mis pensamientos, entre ellos aparecieron imágenes de mi madre, quería verla, quería saber cómo estaba, quería acompañarla, cuidarla.

       -Quiero ver a mi mamá... - Dije repentinamente y con desesperación.
       -Si, creo que deberías estar al lado de ella, vamos.

      Miguel me abrazó y repentinamente todo se nublo para luego materializarse la habitación donde se encontraba mi mamá. Ella estaba acostada en la cama llorando, en ese momento llaman a la puerta, mi madre no responde y solo queda ahí sin dejar de llorar y abrazar la almohada.

       -Hija ¿Puedo pasar? - Pregunta mi abuela, se escuchaba en tono desganado.

      Luego de esperar un instante y no recibir respuesta alguna, se abre la puerta y entra mi abuela a la habitación.

      -Hija ven a comer - le dice sentándose en la cama a su lado - Necesitas comer aunque sea un poco - Al ver que no se mueve intenta levantarla - Hija por favor
      -¡No mamá! ¡Déjame tranquila! no quiero comer, no quiero, solo quiero llorar quiero a mi hija de vuelta ¡Quiero estar sola!

       Mi abuela aturdida y triste se levanta y sale de la habitación cerrando la puerta tras ella.

       -Vamos a donde tu abuela -Me dice Miguel
    -Vamos - Respondí conmocionada, estaba totalmente sorprendida, mi mamá nunca le había hablado así a mi abuela, ella no era así.

       Nos dirigimos a donde se encontraba mi abuela, ella caminaba hacia la sala, al estar allí se sienta en el mueble y empieza a llorar. Comencé a sentirme devastada, no podía verla así, ella que tan alegre siempre fue. Me acerqué a mi abuela y me senté a su lado.

       -Abuela no llores, discúlpame por favor - Empecé a hablarle a pesar de que no me podría oír - Lo siento, no quise hacerles daño, no quería que estuviesen así y menos por mi culpa, por favor perdóname, no estés así... – Intenté abrazarla y en ese instante mi abuela dejó de llorar.
   
       Ella alzó la mirada y se secó las lágrimas.

       -Mi niña, todos te extrañamos, te extrañamos mucho, pero no te tenemos rencor, sigue tu camino, sigue el camino de nuestro señor Dios... - Luego de haber dicho eso sonrió.

       Aquella sonrisa me recordó los buenos momentos que tuvimos estando yo en vida, me hizo sentir feliz y me llevó pensar en que debía hacerle caso y seguir, pero muy rápido abandoné esa idea, o por lo menos por estos momentos no lo haría, primero debía estar convencida que mi mamá seguiría adelante y que volvería a sonreír.

sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo XIII - Confesiones


     Luego de haber escuchado mi nombre a lo lejos todo se torno oscuro, me abordo un silencio embriagador. A lo lejos podía divisar una luz muy tenue la cual no sabía de dónde provenía, pero era cálida a pesar de la poca intensidad que poseía. A decir verdad me sentía protegida, a salvo, no había miedo en mí, deseaba quedarme así por toda la eternidad. Recordaba poco a poco lo sucedido; mi muerte, mi madre sufriendo, mi abuela llorando al lado de mi cuerpo inerte, al que se suponía que era el amor de mi vida engañándome, y luego enterándome que fui la otra, al desplazarme. Empezó a apoderarse de nuevo de mí el miedo, la luz empezó a hacerse intensa con gran rapidez, hasta que ya no pude ver nada. Luego de aquella intensa luz logro observar un paisaje sereno, pájaros volando, pasto muy verde y lleno de vida, al horizonte en las montañas se escondía el sol mostrando un majestuoso atardecer. Al voltear veo a aquel chico quien me había intentado ayudar y yo lo había despreciado, ¿Por qué estaba con él? ¿Por él fue que mi tormento se había desvanecido?
     Al observarlo, aquel chico me ayudó a levantarme de inmediato, lo note cohibido y dudoso. Al estar de pie tomo distancia.

     -Disculpa por volver a acercarme a ti, sé que no querías saber más de mi, pero no pude dejarte ahí sola mientras los demonios se burlaban de ti. Ya estas a salvo... - Hizo una pausa poco prolongada -Bueno ya me voy - Dicho eso se da media vuelta.
     -Espera - Dije apresurada - espera un momento.

     Aquel chico se voltea a verme con mirada triste e interrogante.

   -No te vayas todavía - Hubo un momento de silencio, yo esperaba que el dijera algo, pero no articulo ninguna palabra - Quería agradecerte, por salvarme, por no dejar que me pasara nada cuando mi mundo se distorsionó, cuando me sentí débil.
     -No podía permitirme dejarte sola, no podía irme sabiendo que corrías peligro.
     -Gracias, de verdad muchas gracias.
     -Tranquila, no fue un favor, así que no hay por qué agradecer.

   Sonreí, él hizo el intento, pero no le salió tan bien. Y otra vez abordó el silencio a nuestra conversación.

     -Bueno, es mejor que me valla
     -No, por favor...

    Tenía nuevamente sentimientos encontrados, tristeza, soledad, enojo, y algo nuevo que no había sentido antes hacia él; no deseaba que se alejara, sentía temor de no verlo, de no saber más de él. Necesitaba compañía, y aquí no la tendría si se iba, solo desaparecería.

      -Por favor no te vayas, te ruego que te quedes, sé que me comporté de muy mala manera contigo, pero por favor no te alejes, no quiero sentirme sola... - él volteó a verme lentamente sin expresar nada - Te lo pido.
      -Está bien, me quedaré.
    -Gracias - Le sonreí ampliamente - necesito hablar, no sé cómo sentirme ni que pensar, estoy confundida, aturdida, tengo miedo.
      -Estoy aquí para ayudarte. - Me dijo sereno, viéndome a los ojos.
     -Primero quisiera pedirte perdón, por tratarte como te traté, no podía aceptar ninguna mala crítica sobre Emilio, yo lo consideraba una gran persona, para mí era la perfección hecha hombre, pero me di cuenta que no fue así, que me engañó, que me estuvo mintiendo, no solo a mi sino a aquella chica también - hice una pausa corta para calmar los sentimientos encontrados - Discúlpame, no debí tratarte así, a pesar de que no sé nada de ti, estuviste ahí desde que entre en este plano, y me ayudaste, gracias por eso, espero que me perdones.
     -Tranquila, te entiendo perfectamente, sé por lo que pasaste y por lo que estas pasando.
     -Gracias en serio.

   Mis pensamientos se desviaron rápidamente para encontrarse con una pregunta "¿Cómo se llamaba?"

     -Una pregunta.
     -Dime
     -¿Cómo te llamas? me estoy dando cuenta que nunca lo supe.
     -Es cierto - Dijo sonriendo - Me llamo Miguel
     -Ya estoy más tranquila, antes solo eras para mí aquel chico, ya no será así - Sonreí

   Se podría decir que estos lapsos de silencio se tornaban incómodos, no sabía que decir, que comentar, y no podía exigirle que hablara. Debo admitir que tenía muchas dudas y debía saciarlas.

     -¿Puedo saber lo que te pasó? ¿Por qué moriste?
    -Si - Tardo un poco en responder, pero al final lo hizo con una sonrisa - Mi historia es muy parecida a la tuya; alguna vez en vida estuve con una chica la cual era mi todo, la amaba como nunca pude haber amado a alguien, por ella yo daba la vida si fuese posible, hacía lo que pudiera, su nombre era, o bueno mejor dicho, su nombre es Camila, yo me enamoré ciegamente de ella, siempre pensé que todo era normal, que ella se sentía bien conmigo, que estaba cómoda, y que en nuestra relación nunca dejó de sentir lo mismo que al principio, y era de suponerlo, o por lo menos para mí, pues nunca cambié con ella, siempre trataba de enamorarla, cada día, mi familia la conocía, era parte de nosotros. Yo sentía que realmente era parte de mi familia, imaginaba todo un futuro a su lado, bueno, era un cuento de hadas para mí. - Suspiró - pero llegó el momento en qué todo se derrumbó ante mí, y de cuentos de hadas pasó a ser un cuento de terror; repentinamente decidió terminar conmigo, diciendo que ya nada era lo mismo, que no sentía lo mismo que antes, que necesitaba darse un tiempo, le pedí que no se alejara, que nos diéramos un tiempo para arreglar cualquier daño que tuviese nuestra relación, pero mis suplicas fueron en vano, solo se dio media vuelta y se fue. 
     >>Para mí fue como si me apuñalaran, me sentí devastado, decaí, entre en el alcoholismo, no salía de mi habitación, comía poco, y por más que intentara buscarla simplemente ella no volvió, se fue con otro chico, que al parecer la hacía más feliz que yo. No soportaba sentirme así, y en mi debilidad pequé y los demonios se apoderaron de mis pensamientos. Un día de tanto llorar, de tanto hacerme daño viendo lo feliz que era Camila con aquel otro chico, decidí quitarme la vida... 
     >>Lo hice por alguien que no valía la pena, lo hice inconsciente y cometí un acto inmaduro, fui realmente cobarde, huí de lo que me atormentaba en vez de enfrentarlo, de dar cara a la vida y seguir adelante, desistí, luego de hacerlo todo fue confuso, estuve vagando por un tiempo en oscuridad, hasta que encontré un camino luminoso, un poco segador, caminé hacia él, pensando que era el camino al cielo, pero así no fue; al final de aquel camino había una habitación en la cual muchas personas lloraban, y esas personas eran mi familia, todos alrededor de una urna, camine a ver y me encontraba ahí, bueno realmente era mi cuerpo inerte, entré en desesperación y en negación, quería entrar en mi cuerpo y abrazar a todos mis familiares, a mis padres, mis hermanos y decirles, "¡aquí estoy! estoy vivo" pero ese cuerpo ya no me pertenecía, estaba sellado, luego del entierro, fui arrastrado hacia ti, apareciste tu, sin saber por qué, solo fui arrastrado hacia ti. Empecé a observarte, y a ver lo que hacía Emilio, con quien te engañaba, realmente no podía soportarlo, era verme en un espejo, recordar todo lo que me pasó a mí, así que intenté darte señales, de advertirte, hasta que en un sueño tuyo pude entrar, y traté de mostrarte lo que pasaba. 
     >>Cuando te diste cuenta de qué Emilio te engañaba y saliste corriendo a esa azotea, quería entrar en llanto, trataba de detenerte, te gritaba, pero tú no me oías, estaba realmente desesperado, intentaba detenerte, pero mis esfuerzos fueron en vano y saltaste, y ahí sentí que volvía a morir. No deseaba que murieras, a pesar de que por fin podrías conocerme, de que podría estar contigo en este plano, pues te agarre mucho apreció, mas del que debía, y me sentí realmente extraño, pero así era, te llegue a querer sin que tú me conocieras, sin hablar contigo, y no quería que fallecieras, quería verte viva, quería verte superar esta etapa, que salieras adelante, en vez de hacer lo que yo hice.

viernes, 8 de marzo de 2013

Capítulo XII - Juntos


     No podía seguir viéndola sufrir, no podía dejar que los demonios siguieran atormentándola e intentando llevársela. Sabía que me había decidido alejarme de ella para no ser una molestia nunca más, pero no podía dejarla ahí, si los demonios se la llevaban no me lo perdonaría nunca en la eternidad.
    En medio de su tormento me acerqué rápidamente a ella y la abracé, al hacerlo me sentí inmensamente feliz, esperaba eso sucediera desde hace mucho tiempo. Todo aquel ruido se desvaneció y nos atrapó un silencio profundo, sin brisa, sin brillo. Solo un silencio oscuro.
      La sentía muy cerca de mí, como se tranquilizaba y se relajaba.
     Todo era como un sueño del cual no deseaba despertar nunca, hasta hace unos instantes pensaba que esto nunca iba a pasar, que jamás la tendría tan cerca, sin rechazarme.
     Pero tan pronto como la emoción me invadió me desilusioné y volví a caer en la realidad; mis pensamientos carecían de certeza, nos encontrábamos así por el simple hecho de ella estar todavía en su trance.
     Sin importarme nada aproveché el momento y lo disfruté, tan mágico fue estar al lado de ella, me sentía feliz, relajado y sereno. Había olvidado la última vez que había sentido todo aquello junto. De repente todo se empezó a iluminar, el sol brillaba radiante en el horizonte, detrás de montañas increíblemente verdes y llenas de vida. Cerca de nosotros había flores muy hermosas, de colores, pájaros volando y cantando, todo aquello me invadió, me llenó de paz, de alegría.
     Empecé a recordar cuando la vi por primera vez, y todo lo que transcurrió durante este tiempo, no soportaba verla sufrir, realmente aquel quien decía amarla no lo hacía y le era infiel, y ella no lo merecía, traté siempre de cuidarla, y si hubiese podido evitar que se quitara la vida, lo hubiese hecho y estaría feliz igual, aunque estar con ella en este momento abrazándola era un total éxtasis de alegría, preferiría verla viva y que siguiera su vida, lo menos que deseaba era que terminara como yo, haciendo lo mismo que yo hice, solo por dejarme llevar por pensamientos absurdos, por dejarme llevar por aquellos demonios.
     Deseaba estar así, con ella, por toda la eternidad, pero todo debía terminar en algún momento, y fue más rápido de lo que quería.
    Adriana empezó a despertar de su trance, se fue incorporando poco a poco y yo mentalizaba el adiós definitivo.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Capítulo XI - Disturbio


     Todo estaba muy callado, aun seguía con los ojos cerrados, el ambiente dejó de sentirse tenso, toda esa calma se convirtió en paz casi tangible, poco a poco fui olvidando lo que había sucedido. Abrí los ojos y observe a mí alrededor, me encontraba en un lugar hermoso; un campo repleto de flores de distintos colores realmente bellas, arboles repletos de hojas, y justo en frente se encontraba un lago ondeando pequeñas ondas por la brisa. Aquel paisaje era esplendido, me relajó con tan solo contemplarlo. De solo mirar cómo se movían las hojas de los árboles levemente me hacía sentir la brisa aunque realmente no la percibiera. Hacía un atardecer muy hermoso. Todo lo que observaba era como sacado de un cuadro del mejor pintor de todos los tiempos.
   Repentinamente el cielo se empezó a tornar oscuro, y a medida que cambiaba comenzaba a sentirme temerosa; Lo que creía que era la relación perfecta, y quien pensaba que era el amor de mi vida, quien nunca me iba a fallar, me defraudó, me traicionó y jugó con mis sentimientos. No lograba comprender del todo como pudo estar con esa chica mientras estaba conmigo.
     Ya no podía decirle nada a él, pues estaba muerta.
    Volvía a caer en cuenta; me suicidé, sin poder remendarlo, sin vuelta atrás. No podría volver a abrazar a mi mamá, no iba a conocer al bebe que venía en camino, no iba a poder cumplir mi deber de hermana mayor. Ya no podría visitar a mi abuela y escuchar sus maravillosas historias.
     Le hice tanto daño a tanta gente al decidir quitarme la vida.

    -Eres la peor persona que haya existido, mereces el infierno, mereces vagar la eternidad pagando tus pecados...

    Una voz gruesa y realmente terrorífica retumbó en aquel campo ahora oscuro y escaso de vida. Empecé a sentir frío, no sé si fue por aquella voz o por el cambio drástico de clima, pero, ¿Cómo podía sentir el frío del ambiente si tan solo un instante -y desde que morí- no podía?

     -Debes pagar todo el sufrimiento que le has hecho sentir a tus familiares... - Volvió aquella voz, resonaba y se apoderaba de mis pensamientos.

       Era cierto; yo no merecía el paraíso, fui realmente mala y egoísta.

       -¡Sí! ¡Lo merezco! - Grité fuerte cerrando los ojos.
       -¡Adriana!

    Aquella voz que dijo mi nombre fue totalmente distinta a la que me atormentaba. De la nada alguien me abrazó y luego sentí un vacío, al instante siguiente percibí paz y tranquilidad repentina.

martes, 5 de febrero de 2013

Capítulo X - Un final y un comienzo


     Me destrozaba el alma ver como lloraba y sufría Emilio por mi culpa, era el amor de mi vida, ya habían pasado tres días desde mi muerte y él no salía de su casa, hasta comía muy poco, prácticamente nada. Me había interesado más por él que por mi familia, pero no podía separarme de la persona que amaba con todas mi fuerzas.
     En todo este tiempo noté algo que me pareció extraño y me hizo sentir culpable; aquel chico que había aparecido desde que yo había fallecido no lo había vuelto a ver, podría sonar un poco extraño, pero en este lapso corto de tiempo me había acostumbrado a él. Sabía que me había comportado muy grosera con aquel chico, pero mis sentimientos hacia Emilio no me permitían dejarlo hablar así de él, pero a pesar de eso, me sucedió algo muy peculiar que me planteaba muchas interrogantes, sentía una afinidad -Por así decirle- hacía ese chico que realmente conocía poco. Se podría decir que su ausencia me hacía extrañarlo.

     Lo que sucedió a continuación marcó de una forma irremediable toda mi historia.
     Me encontraba en la habitación de Emilio, observándolo ahí, tendido en su cama, debo admitir que me encantaba hacer eso, podría durar toda la eternidad viéndolo para mí era simplemente magnifico. De repente llaman a la puerta, sacándome de mi concentración; era su mamá.

     -Hijo, te buscan.
     -¿Quién? - Preguntó él sin ánimos
     -Jessica

    Al escuchar eso Emilio se incorporó rápido en la cama, se restregó la cara y empezó a intentar acomodar su cabello con las manos.

     -Dile que pasé por favor.

     Me sorprendió el cambio drástico que hizo. Se vio rápido en el espejo y se acomodó.
    Acto siguiente entra Jessica a la habitación.

     -Hola Emilio.
     -Hola mi vida.
     -¿Cómo estás?
     -Ya mejor.

     Sentí un vacío repentino en mí al darme cuenta de la verdad.

     -¿Por qué no respondías mis llamadas? - Le pregunta Jessica. - Estaba preocupada por ti.
   -Disculpa, de verdad he estado muy mal estos días, ni siquiera sé dónde está mi teléfono -Le responde Emilio bajando los ánimos.
     -¿Qué pasó?
     -Mi ex novia se suicidó

     Jessica se sorprendió, con la única reacción de taparse la boca con las dos manos.
     Al escuchar eso fue como morir nuevamente, como recibir una puñalada directamente al corazón.

     -¿Cómo pasó? - Luego de un momento de silencio preguntó Jessica.
     -El día que me fui repentinamente de tu casa, ella nos vio...
    -Me vas a disculpar mi comentario Emilio, se que puede caer mal pero realmente mi intención no es sonar pedante ni nada por el estilo, pero fue muy inmadura al hacerlo por esa razón.
     -Fue mi culpa. - Fue lo único que logró responder él.
    -Eso no fue tu culpa, ustedes ya habían terminado, no fue tu culpa que las cosas no resultaran. - Hizo una pausa - por mas aferro que te haya tenido... No sé, no apoyo eso, ella no debió, no vale tanto para hacer eso, y sé que tu eres un gran chico Emilio, pero nadie se debe quitar la vida por otra persona... no es tu culpa...

     Lo que dijo ella me enfureció exorbitantemente, no tenía ningún derecho de hablar así de mi. Pero era cierto, fue inmaduro y egoísta de mi parte. Él no valía tanto como para haber hecho lo que hice, pero ya no había marcha atrás, lo hecho, hecho está.

     -Sí, es cierto lo que dices, pero igual no puedo dejar de sentirme culpable...
     -Emilio, ya, en serio, no es tu culpa...

     Jessica se acerca a él y lo abraza, luego lo mira a los ojos y...
    Nunca me había sentido tan devastada, y era real, mi mundo se derrumbaba rápidamente. Ver como se besaban me hacía sentir la idiota más grande de este mundo.

     -Si mi amor, es cierto - Responde Emilio.

    Me empecé a sentir prepotente, enojada y con ganas de llorar. Intenté golpear a Jessica por impulso, y por alguna extraña razón logré tocarla. Ella cayó en la cama por la fuerza con que la empujé.

     -Mi amor ¿Qué te pasó? - Le pregunta Emilio sorprendido.
     -No sé, sentí como si me hubiesen empujado.

     Emilio ayuda a Jessica a levantarse.

     -¡Te odio! - Grité en un intento absurdo de que me escuchara.

     Cerré mis ojos deseando que todo fuese un sueño.

   Me inundó el silencio rotundo, empecé a sentir calma y paz, mis malos sentimientos y pensamientos se empezaban a calmar, aquel odio que sentía desaparecía rápidamente.

lunes, 28 de enero de 2013

Capítulo IX - Condena


     No sabía realmente donde me encontraba, solo podía ver arboles y un lago en frente de mí, lo único que tenía en cuenta es que me encontraba en un bosque donde nunca antes había estado. Me llamaba la atención que estaba nevando, con solo observar podía percibir el frío. Lo más extraño de todo era que no podía sentir el frío. Era algo nuevo y extraordinario para mí, pues nunca había llegado a ver la nieve, ya que donde permanecí estando en vida no nevaba.
     Tenía que admitir que era algo magnifico y glorioso el paisaje, era muy sereno, y por un instante toda aquella paz y serenidad se apoderó de mi, todos aquellos pensamientos negativos que intentaban dominar mi mente se perdían, se desvanecían. Pero esa sensación no perduró mucho tiempo -Aunque no lo desease-. A mí vino aquel recuerdo del momento que había sucedido apenas hace unos instantes atrás. Adriana preocupada por aquel chico que solo jugó con ella.

     Era verdad lo que me había dicho, yo no la conocía bien, y ella tampoco a mí, quizás yo si sabía más de Adriana, pues mientras ella estaba en vida yo estuve a su lado sin ella saberlo. Yo presencié todo lo que sufrió con Emilio, contemple todas las veces que la engañó, pero eso es algo que ella todavía no sabía, pues no había tenido la oportunidad de hablar con ella. Me hacía sentir mal la forma en que me trató, ya yo había logrado un lazo con ella, pero lastimosamente ella conmigo no, todo aquel tiempo que pasé observándola me hizo quererla y sentir que debía protegerla, aunque realmente no fuese mi asunto. Pero cómo explicarle lo que sentí si ella no sentía nada hacia mí, no me conocía.
     ¿Cómo es posible sentir eso por alguien que no conoces realmente? Se podría decir que estaba un poco obsesionado con ella, que la razón por mi aferro hacia esa chica haya sido porque vivía una historia muy similar a la que yo viví. Pensé en desistir y dejarla que siguiera su camino, sentía que era mejor evitar acercarme a ella y buscar la luz de una vez por todas, no podía seguir aferrado a Adriana, tal vez no valía la pena, podría ser un capricho mío.

     Cerré los ojos un momento -El cual me pareció una eternidad-, sentí un vacío en mí y luego comencé a sentir un ambiente tenso. De pronto se escuchó una voz la cual se me hizo muy familiar.