jueves, 28 de mayo de 2015

Capítulo XVIII - Pesar.

     No sabía cómo reaccionar, pasaron un millón de pensamientos por mi mente, pero al final no pude hacer más que dejarme llevar por ese suave y delicado beso. Tenía mucho tiempo sin sentir esta sensación, ese hormigueo, esas mariposas, esa fantasía en la mente. Por un momento tuve aquel choque de realidad tan irreal, pero nada puede ser bueno eternamente, comencé a recordar a Emilio, ¿cómo estaría? debía volver a donde estuviese y estar con él, cuidarlo, protegerlo. A pesar de todo el daño que me hizo seguía sintiendo cosas por él, para mí era mi alma gemela. Separé mis labios de los de Miguel y me levanté retrocediendo.

     -Lo siento, no puedo.

     Di media vuelta y comencé a correr sin ver atrás, logré internarme en un bosque, seguí corriendo, corría y corría por entre los árboles hasta ya no poder más, mi respiración se volvió entrecortada y no perdí el sentido de la orientación. Me detuve poco a poco hasta quedar inmóvil, respiré profundamente  y cerré los ojos. Me sentía temerosa, ansiosa, perdida, me sentía una idiota.
     Organicemos los pensamientos; se podría decir que aquel beso que me dio Miguel fue lo mejor que me había pasado en mucho tiempo, me hizo sentir tan fresca, tan alegre, me hizo sentir tantas cosas juntas que ya desde hace un buen tiempo no me hacía sentir Emilio. Por otro lado me sentí infiel, sentí que engañé al chico que he amado por tanto tiempo. De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas, recorrían mi mejilla y caían al suelo. Pude escuchar no muy lejos de mí como algunas gotas caían en un estanque o algo similar, abrí los ojos  y observé al frente, había un pequeño charco el cual no estaba ahí cuando llegué, las gotas que sonaban eran mis lágrimas. El agua ondulaba con cada gota que caía, observando aquello dejé de llorar y dejaron brotar lágrimas de mis ojos y por ende dejaron de caer en el agua la cual se calmó, quedando inmóvil, pude ver como imágenes empezaron formarse dentro del charco, me fui acercando poco a poco para lograr contemplar bien de qué se trataba, sin darme cuenta mi cercanía fue tal que mi rostro se sumergió, sentí que me halaron y caí dentro, cerré los ojos al instante todo comenzó a dar vueltas, empecé a escuchar las voces de un hombre y una mujer, y por más que intenté abrir los ojos no lo logré por la sensación de vértigo que tenía.
     Toda aquella sensación se fue calmando rápidamente y por fin logré abrir los ojos, me encontraba en la habitación de Emilio, él estaba sentado en su cama, recostado de la pared y Jessica frente a él, también sentada. La ira comenzó a inundar todo mi ser al observarlos juntos.

     -¿Ya estas mejor? - Le pregunta Jessica acariciándole el brazo.
     -Sí, siento que ya he superado toda esa incómoda situación.
    -Lo digo en serio, sé que duele perder a alguien que le hayas tenido mucho aprecio, pero amor, ya tu le habías dicho que no estarían más juntos, tu terminaste con ella, no te debes de sentir culpable, no fue tu culpa que ella decidiera quitarse la vida.
    -Sí, es cierto preciosa, ya yo no quería nada con ella, nuestra relación era muy tóxica. - Suspira - Es cierto, no debo sentirme mal por un acto tan inmaduro como el que cometió.

   Con cada palabra que decía sentía como si me clavaran un puñal por todo mi cuerpo, lenta y dolorosamente, nunca espere que dijera algo así, fue un gran choque contra la realidad.

     -Es mejor que te olvides de eso y nos concentremos en otro tema más interesante. - Dice Jessica acercándose a Emilio.

     Ella se aproximó a él y besó sus labios, Emilio sin pudor alguno le correspondió el beso. Jessica comenzó a acariciarlo mientras lo guiaba a acostarse sobre sin dejar de besarse, podía percibir la pasión y la picardía que sentía quien alguna vez fue mi chico y era algo que ya hacía tiempo que había perdido conmigo. Jessica estaba encima de él, comenzaba a quitarle la ropa lentamente, siguió  sin problema alguno hasta dejarlo completamente desnudo.
     No podía creer lo que mis ojos observaban, los cerré instintivamente y grité tan fuerte como pude, me sentía desconcertada, dolida, complemente herida, sentí como si me encontrara hundida en el mar, percibía la sensación del agua tocando mi piel, pero no me ahogaba, giraba en varios sentidos como si las olas se pelearan por mi y luego choqué contra algo y con ello aquella sensación se desvaneció.

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