jueves, 27 de diciembre de 2012

Capítulo VIII - Aceptación


     Tenía ya bastante tiempo sin ver a varios de mis familiares, y cuando por fin los veo reunidos era por una mala noticia. En lo más profundo de mi ser deseaba verlos felices, pero no podía hacer nada, estaban tristes y sin ánimos, lloraban y otros ya solo sollozaban. Lo que más me marcó y me dejó devastada fue ver a mi abuela llorar, ella que para mí era una segunda madre, lloraba, destrozada por dentro, muy cerca de la urna donde yacía mi cuerpo.

     -¿Por qué mi niñita? ¿Por qué te la llevaste Dios? No es justo... ¿Por qué? - Decía llorando.

    Sentí que me desboronaba, mi mayor deseo era no verla así, me desesperaba, anhelaba que mi cuerpo se levantase de la urna y decirle "Tranquila abuela, aquí estoy, no he muerto, estoy contigo". Quería que todo esto fuese un mal sueño, pero lastimosamente no era así. Me sentía totalmente destrozada. Veía a mis tíos llorando, abrazando a mi mamá la cual no dejaba de llorar ni un segundo al otro lado de la urna.
     Comencé a avanzar por el salón, observaba a mis primos, a mis tíos, a mis amigos, muchos de ellos todavía llorando, otros se abrazaban entre sí.
     Me desconcertó el darme cuenta que ahí no se encontraba quien se suponía que era mi novio.

     -No te sientas mal...

     Volteé rápidamente al escuchar esa voz, era aquel chico quien me ofreció su apoyo.

     -Ven conmigo, te mostraré donde está.
     -¿Cómo sabes a quién busco?
     -Yo pasé por lo mismo - Sus ánimos bajaron por un instante, luego me observó intentando sonreír - ven, se que quieres saber de él - Me extendió su mano con una sonrisa contagiosa.

    Sostuve su mano, mi vista se nubló por un momento y al instante siguiente me encontraba en la habitación de Emilio, él estaba en el suelo, tenía mal aspecto, a su lado había una botella de algún licor casi vacía, lloraba observando una foto de nosotros dos.

    -¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué? - Detuvo su llanto por un momento, suspiró y luego continuó llorando.

     Dentro de mí empecé a sentir ira, pero a la vez me sentía mal por él. Tenía ganas de abrazarlo, quería decirle que no estaba muerta, que me encontraba ahí a su lado. A su vez, sentía un calor sofocante en mí, me sentía muy molesta, no soportaba su descaro, no le creía lo mal que parecía sentirse.

    -Fue mi culpa, por mi culpa no estás aquí... Lo hiciste por mí... No merecías morir, yo si lo merecía, daría lo que fuese por ser yo quien estuviese muerto...
     -Hipócrita - Dijo aquel chico desconocido enojado.

     Dentro de mi surgieron varias emociones; enojo, tristeza, pasión...

    -No le digas así - Solté muy enojada - No es tu culpa... - Proseguí pero esta vez dirigiéndome a Emilio - Yo soy débil e inmadura, no te culpes - Empecé a sentir ganas de llorar.
     -¿Que te sucede? ¿No bastó con todo lo que te hizo?
     -¿Y tú que sabes? - Estaba muy enojada - No sabes nada de mí, no sabes nada de él, no sabes nada de nosotros dos... A duras penas sé quién eres tú, no te metas en mis asuntos, no te metas en lo que no te incumbe...

     Él me observa asombrado, luego lo invade una tristeza muy notable.

     -Es cierto... - Se dio media vuelta y desapareció.

     Me sentí mal, sabía que lo había tratado mal, pero no podía permitir que hablara así de Emilio, él era el amor de mi vida, y a pesar que yo había muerto lo cuidaría y lo protegería, estaría a su lado, sabía que lo que había visto había sido un error, tenía que haber una explicación. Me desboronaba verlo así por mi culpa, y no solo a él, sino también a mi mamá, a mi abuela, a toda mi familia. Fui demasiado egoísta, no pensé, solo actué.

     -¿Por qué te fuiste? ¿Por qué? - Emilio empezó a destrozar todo lo que encontraba a su paso - ¡Todo fue mi culpa! ¡TODO!...
     -¡Cálmate Emilio! - Grité, pero fue inútil - Ya basta, detente por favor - Sentía ya muchas ganas de llorar por el desespero de no poder hacer nada para calmarlo.

    El amor de mi vida seguía rompiendo todo a su paso, mientras eso sucedía por mi mente empezaron a proyectarse imágenes de nosotros dos, peleas, momentos graciosos, románticos, cuando me entregué por primera vez a él.

     Sentí un gran vacío en mí, se puede decir que por fin tuve el primer choque de realidad pura, pensé y reconocí que ya no estaré más a su lado, que realmente estoy muerta, que no es un mal sueño. Quería llorar, gritar, correr, no sabía que pasaría ahora - "estoy muerta, estoy muerta, estoy muerta"- por mi mente rondaban esas palabras.

     -¡Noooo! - Grité con todas mis fuerzas y sin importarme que pudiera o no escucharme. Me lancé hacia Emilio para abrazarlo.

     Aquel chico, él, quien es el amor de mi vida, mi amor en la eternidad, se detuvo en seco y dejo de llorar, yo por mi parte solamente lo traspasé y casi caigo al suelo.

     -Adriana - susurro - Tu olor...

    ¿Sería posible que haya podido percibir mi olor? que aunque sea eso haya pasado, por un momento me sentí feliz y entré nuevamente en mi fantasía.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Capítulo VII - Perspectivas


    Mientras iba cayendo, por mi mente pasaban todos aquellos recuerdos más preciados que yo poseía, esos momentos felices. Pasó tan lento todo aquel momento en le que estuve cayendo; sentía como la brisa golpeaba mi rostro, recordé a mi familia, a mi papá, a mi mamá... a la hermanita o hermanito que iba a tener, lo bien que lo pasaba en compañía de mi madre, lo maravilloso que debería ser la hermana mayor, todo lo que podía enseñarle. Ya era muy tarde para arrepentirse, por más que deseara no haber saltado, ya no había vuelta atrás, no podía regresar el tiempo. Brotaron lágrimas de mis ojos y el viento hizo que recorrieran mi rostro. Extrañaría mucho a mi familia, ya tan solo me quedaba hacerme una promesa; "Donde quiera que fuese o estuviese cuidaría de mi madre y del bebé que se formaba dentro de ella".

     Y entre mis pensamientos sentí un leve dolor en mi cabeza, seguido a eso me invadió una sensación de vacío, todo estaba oscuro y en calma, sentía que flotaba en la nada; ¿Aquí es a donde vamos después de morir? ¿Esto es todo?

     Comencé a escuchar unas sirenas de ambulancia a lo lejos, y pronto empecé a oír murmullos de personas, se me estremeció el cuerpo -Si es que así le podía llamar- al escuchar esa voz peculiar, esa voz que desesperada gritaba entre llantos.

     -¡No! ¡Mi hija no! ¿Por qué? - Cada vez se escuchaba más cerca.

     ¡Era mi mamá!

    Rápidamente la oscuridad se desvanecía, se iluminaba. Una luz cegadora apareció frente a mí y junto a ella cada ruido se hacía más fuerte, tuve que cerrar los ojos por la intensidad de la luz. Escuchaba a mi mamá llorar desesperada, la sirena de la ambulancia, luego un golpe seco se escucho y por último el sonido de un motor.
    Abrí los ojos y lo primero que observé fue a mi mamá sentada frente a una camilla llorando desesperada, al voltear noté que la persona que se encontraba en la camilla estaba tapada por completo, me estremecí al pensar que esa era yo.
     Por mi mente vagaban recuerdos fugaces; lo feliz que era de pequeña con mis padres.
    Repentinamente vino a mí un recuerdo muy peculiar; me encontraba en el parque jugando en cada rincón de él, me montaba en el columpio, reía, me veía tan alegre, mi padre me columpiaba, él reía también, mi mamá nos observaba sonriendo a lo lejos, se encontraba muy alegre. De repente ese recuerdo se convirtió en oscuridad, una neblina cegadora, a la cual la acompañaba un frío ártico, empecé a sentirme temerosa, comencé a desesperarme.
     Se escuchaba que alguien lloraba a lo lejos, la neblina empezó a disiparse y el frío dejó de ser tan intenso, en frente de mí comenzó a divisarse una luz muy blanca y pequeña, era muy brillante, comencé a sentir ganas, o mejor dicho, deseos de ir hacia ella, titubé un segundo y empecé a caminar lentamente, con cada paso que daba esa luz se comenzaba a expandirse más y más ¿Esto será el camino al cielo?

     -No, no puede ser el cielo, aún sigo escuchando a esa persona llorar ¿Cuál sería la razón de que alguien llorara en el cielo? - Me dije a mi misma.

      Empecé a observar un pasillo largo, y luego de un momento de caminar -Cual a mí me pareció una eternidad- se materializó frente a mí una puerta. Los sollozos se escuchaban más fuertes y claros, y frente a esa puerta entrejunta había una niña sentada en el suelo, recostada de la pared.
     ¡Esa niña era yo! y quien lloraba era mi mamá. Todo empezó a cobrar sentido en mi mente, este era el recuerdo de cuando mi papá había muerto. Luego que sucediera, mi mamá había entrado en depresión, la cual se prolongó por varios meses, casi un año.
     Comencé a sentir taquicardia, me desesperé, me asusté, sentía que era una basura, no merecía ir al cielo, dejé a mi mamá, entraría nuevamente en depresión, al igual que aquella vez. Fui muy egoísta al hacer lo que hice, abandoné a mi madre ¿Por qué no pensé en ella? ¿Por qué fui tan despiadada?

     Otra vez volvió a tornarse oscuro todo, pero no se prolongó mucho tiempo. Se comenzó a aclarar y me encontré en una habitación cual no reconocía, me hallaba en frente de una camilla, ahí yacía un cuerpo tapado por completo con una tela, me preguntaba dónde me encontraba ahora, estaba totalmente segura que eso no era un recuerdo. Entraron dos personas hablando entre ellos a la habitación, no le presté atención a lo que hablaban. Los dos señores voltearon a donde yo estaba.

      -No l-lo siento, no sé cómo llegue aquí - Dije asustada avanzando un poco hacia ellos.

     No dijeron nada y empezaron a caminar hacia mí, se acercaban cada vez más y de pronto...
    Fue la sensación más extraña que había podido sentir, no chocaron conmigo, solo me traspasaron, y al momento de hacerlo sentí un frío muy intenso. Se acercaron a la camilla, yo volteé y los observé, se proponían quitar la sabana.

     -No querrás ver.

     La voz provenía detrás mí, giré asustada. Frente a mí se encontraba un chico alto -muy lindo debo admitir-, me sorprendió que pudiera verme, pero por más que quise decirle algo no pude articular ninguna palabra.

    -Es mejor que no veas... - Me dijo al ver que no hablaba - Tranquila, es que es extraña la sensación, es mejor que estemos en otro lado - Se dio vuelta y avanzó, se detuvo al darse cuenta que yo no me movía, giró y me hizo señas con la mano animándome a seguirlo con una sonrisa cálida.

     Titubé un momento y luego avancé. Al acercarnos a la puerta él no la abrió sino que la atravesó y yo lo seguí, al atravesar la puerta tuve una sensación muy desagradable.

     -Tranquila te acostumbrarás - Sonrió
     -¿Esa era yo? -Al fin pude articular alguna palabra - ¿La de la camilla?

     Aquél chico adopto un gesto serio, borrando todo rastro de aquella agradable sonrisa suya.

     -Si - Dijo triste - Es mejor que no te observes así, no querrás pasar por ese trago amargo...
     -Pero quiero hacerlo
    -No te lo estoy impidiendo, solo te doy un consejo, estas en toda tu libertad... - Hizo una pausa - No quiero que pases el trago amargo que yo pasé - Bajó la mirada un momento, luego la subió y sonrió.

    Titubé; quería ir y verme, quería convencerme, era... era una sensación extraña el pensar que estaba muerta. Suspiré y decidí no ir.

   -Estoy... no sé si confundida sea la palabra correcta, no sé cómo expresar todo lo que estoy sintiendo...
     -Tranquila, pronto pasará todo - Me dijo - Si deseas estaré aquí, sé que no sabes quién soy, pero igual si lo deseas aquí estaré, por alguna duda que tengas o si necesitas compañía... - Terminó sonriendo.
      -Gracias - Intente sonreír.

     No sé qué sucedió; era verdad que no sabía quién era, pero me sentí segura, sentía que lo conocía desde hacía ya mucho tiempo, al verlo se me hacía peculiarmente conocido, pero no sabía de dónde.
   De algo estaba segura, necesitaba de él para salir de muchas dudas; ¿Es aquí a donde permanecemos al morir? Me sentía temerosa...

domingo, 9 de septiembre de 2012

Capítulo VI - Entrelazados


     No soportaba el descaro de aquel chico, luego de haber estado con otra chica un día antes, volvía a ver a Adriana como si nada pasara. Ella olvidaba el enojo que sentía por la discusión previa. Se quedó dormida en sus brazos, ya yo no soportaba ver el engaño.

     Repentinamente todo se oscureció, empecé a escuchar sonidos similares como al del mar y de aves, todo empezó a iluminarse lentamente, valla sorpresa, me encontraba en la playa, me pareció muy extraño lo que estaba sucediendo, Adriana se encontraba a lo lejos, su novio caminaba no muy lejos de ella con otra chica, sentí nuevamente enojo, me fui acercando a la chica que inocente no se enteraba de lo que sucedía, empecé a llamarla, ella volteó a verme y adoptó un gesto de extrañes. Luego observó a su novio con la otra muchacha y empezó a llorar.
     Todo se volvió oscuro y aparecí nuevamente en la habitación donde ella dormía inocente en los brazos de su novio. Y de repente se despertó acelerada.

     -¿Qué pasó mi vida? - Preguntó él.
     -Solo tuve un mal sueño... - Le costaba respirar - Solo eso...
     -¿Qué soñaste princesa?
     -Soñé... - Hizo una pausa - En el sueño estabas con una chica que no era yo, estaban en la playa, se abrazaban se besaban y yo los veía... - Se le empezaron a aguar los ojos.

     Él la abrazó.

     -No seas tonta, solo es un mal sueño ¿Sí?, yo jamás te haré eso, te lo prometo…

     No soportaba ver cómo le mentía, era inaceptable su descaro. Empecé a caminar de un lado a otro sin poder hacer nada, mi ira seguía creciendo... 
     Sin previo aviso Adriana gritó.

     -¿Qué pasó? - Preguntó él extrañado.
     -Vi algo - Articulo asustada - Vi que alguien pasó...
     -Pero aquí estamos solos tú y yo mi niña
     -No estoy loca, en serio vi que alguien pasó...

     Quedé atónito y petrificado ¿Me pudo ver? fue extraño, me alegré por un momento, al fin, aunque sea un instante me pudo ver...
   
                                                                            ***

     Vi sus ojos, tenía una mirada perdida, lágrimas caían por su rostro, tenia algo muy peculiar en su mirada, algo cual yo ya conocía, me desesperé, ¡Tenía que hacer algo! ¡Tenía que evitar que cometiera una locura!

     -¡No lo hagas! - Grité estando a su lado - ¡No cometas una locura! ¡No lo hagas! - Quería que me escuchara - ¡Por favor no! - Empezaron a brotar lágrimas de mis ojos, me encontraba muy desesperado.

     Me dolía ver que por su mente paseaba la idea de querer quitarse la vida. Estaba en total agonía, por más que yo gritara ella no me escucharía, no sabía que hacer. Por la ira que sentía dentro de mí intenté golpear un marco que tenía una foto de ella y Emilio, y cayó al suelo. Quedé perplejo ¿Cómo es que lo pude tumbar si todo lo que tocaba lo traspasaba?
    Ella se asustó, se levantó y corrió fuera de la habitación, agarró sus llaves y salió de la casa. Empezó a caminar a casa de su novio, mientras caminaba observé que tenía un papel en la mano, lo contempló un momento y lo guardó en el bolsillo del pantalón.
     Al estar cerca de la casa de su novio, ve que él se encontraba afuera con una chica, se quedó extrañada, y al acto siguiente se besan en la boca, Adriana se detiene en seco y comienza a llorar, su novio la observa y queda petrificado, ella llorando da media vuelta y empieza a correr, él tras observarla corre hacia ella.
     Corre por unas calles hasta llegar a un edificio, entra y sube hasta la azotea. Observa el papel que llevaba en el bolsillo, lloraba desesperada y se acercaba lentamente al filo de la azotea. Emilio entra y la observa.

     -¿Podemos hablar Princesa? - Dijo aun perplejo y entrecortado por el agotamiento.
     -Adiós, gracias por todo.
     -No me iré hasta que me dejes hablar.
     -Ya es muy tarde; me mataste
     -¿Qué quieres decir con eso? - Dijo mientras ella se acercaba al borde.

    Ya mi nivel de desesperación era muy alto, no hallaba como evitar que se suicidara, Emilio no podía evitarlo y yo menos.

    -¡No lo hagas! - Gritaba - ¡Por favor! ¡No cometas un error! - Deseaba que me escuchara - ¡Te arrepentirás! por favor...

    Intentaba halarla pero la traspasaba, mi desespero aumentaba cada vez más a medida que se acercaba a la orilla.

     -¡No lo hagas por favor! - Ya no podía más.

    Por mi mente empezaron a rondar rápidamente esos momento cuando morí, pasaban fugaz aquellos recuerdos cuando mi madre me observaba yacido muerto, esa imagen quedó grabada en mí sin posibilidad de eliminarla.

     Un grito me sacó del trance en que me encontraba, un "no" que provenía de Emilio. Observé como Adriana avanzaba hacia el filo, cayó dando sus últimos pasos, y en ese momento, justo ahí ya todo estaba perdido, sin poder dar vuelta atrás.

viernes, 31 de agosto de 2012

Capítulo V - El encuentro


     Me costó un poco entrar en razón y comprender lo que había sucedido; ¡Estaba muerto!
    Me preguntaba ¿Este es el cielo? pero enseguida me di cuenta que no, no se encontraba Dios, ni siquiera la presencia de ángeles, solo veía muchas personas que me pasaban por al lado sin decirme absolutamente una palabra, pero sus miradas no se alejaban de mi hasta que no podían observarme más.
    Cuando por fin entré en razón y acepté que había muerto estuve siguiendo por un tiempo a mi novia - O bueno, mi ex novia - y me sorprendió comprobar que se había olvidado de mi mucho antes de yo morir, solo me lloró un días y luego siguió su vida con aquel chico por el que me dejó. Fue como caer de un edificio muy alto y chocar contra el concreto.
    Me di cuenta de lo estúpido e idiota que fui, desperdicié el final de mi vida sumergido en una depresión que para mí fue eterna ¿Y para qué? para nada, hasta ahora es que me doy cuenta que nunca volvería a mí, pero ya es muy tarde para sentirme arrepentido, ya estaba muerto. Pero justo en ese momento fue que todo cambió.
     Repentinamente escuché a una chica llorando, no sabía de dónde provenía, pero cada vez se oía más nítido, como si se acercase a mí, pero esa no era lo que sucedía, al contrario, yo me empecé a acercarme a ella sin darme cuenta.

     -No puedo ser tan estúpida - Decía entre sollozos - Siempre es lo mismo, yo quedo como la mala, y de paso me la paso todos los días llorando por él.
   -¡No llores por él! Si te hace daño constantemente no vale la pena, no te merece... - Grité acercándome a ella y cuando la fui a tocar, simplemente la traspasé.

     Por un momento había olvidado que estaba muerto.
    Fue inexplicable lo que sentí, verla llorar, tirada en el suelo, sentí tanto enojo por dentro, sentía como si fuese mi familia, como si tuviésemos un lazo, o mejor dicho, como si fuese la persona que más amaba en el mundo quien sufría. Me sentía conectado con ella, como si ya la conociera - Aunque no se me hacia familiar - en fin, sentía que era quién estaba destinada estar conmigo por la eternidad.

     Luego de ese día pasaron muchas otras cosas que me confundían. A partir de ese momento donde quisiese que ella se encontrase, ahí estaba yo, aun si así no lo deseara. Pero no me enojaba, cada día quería estar más a su lado para cuidarla, aunque realmente no podía hacer nada. Me conecté con ella, me di cuenta de lo mal que la pasaba, comprendí su sufrimiento, me recordó como me sentía yo cuando estaba vivo, con alma y corazón destrozados por aquella chica que de mí se olvidó, e inconscientemente provocó mi muerte.
     Cada noche que ella lloraba yo me encontraba a su lado susurrándole al oído que todo estaría bien, que no sufriera por él… suponía que eso funcionaría.

     Un día, sin entender por qué me encontraba en casa de su novio, él se estaba arreglando y supuse que era para verla a ella, pero no fue así; alguien llamó a la puerta y al abrirla había una chica quien lo saludó con un beso en la boca. Quedé totalmente atónito al ver que la engañaba, que ella sufría y él sin tomarle importancia, sin sentir leve interés por los sentimientos de esa preciada alma que lloraba casi todas las noches.

     Desde ese momento sentí que me uní mas a ella sin siquiera conocerla, o mejor dicho, sin siquiera poder conocerla. Sentía que me acercaba cada vez más a ella ya que podía comprender su dolor, me sentía muy identificado, ese dolor que ella vivía, la desesperación, la agonía, la duda... sin poder hacer nada por ayudarla, y ella sin poder hacer nada para evitar sentirse así, pues ese chico era la persona que amaba. Y es así; cuando uno se enamora se vuelve ciego, y por más que se tenga la verdad en la cara pocas veces se acepta, o dicho de otra forma; no se desea aceptar, cuando uno se enamora se vuelve un completo idiota. Y como me pasó a mí, así le pasó a ella.

miércoles, 18 de julio de 2012

Capítulo IV - Lo desconocido


     En realidad no sé mucho y lo tengo muy claro, no digo que tenga muchos conocimientos, pero de algo si estoy seguro, ella era mi alma gemela y estaba sufriendo por culpa de alguien más. Era extraño de explicarlo, pero así lo sentía, había algo que me halaba hacia ella a tal magnitud, que por más que quisiera no podía alejarme, sentía lo que ella sentía, y en los momentos en que más esa chica sufría más cerca estaba de ella, sentía su dolor, sentía su felicidad, lloraba cuando ella lloraba, ría cuando ella reía.
     Todo se tornaba muy extraño ¡Ni siquiera sabía quién era! nunca en la vida la vi, nunca crucé palabras ni miradas con ella, y si lo hubiese hecho la recordaría, porque debo admitir que es muy hermosa y difícil de olvidar.

     Estar en este mundo nunca fue tan fácil, siempre fue extraño, muchas veces existía un vacío en mí, pocas veces me sentí pleno. Es un poco incomodo; no estás vivo, pero tampoco estas en el reino de los que han partido, donde se descansa, donde encuentras la paz eterna, pero no, a cambio solo estas ahí, nadie te ve, bueno pocas personas te pueden ver, no duermes, y como me pasa a mí, no puedo estar donde desee ya que a donde valla aquella chica tan hermosa, mi alma gemela, iba yo, simplemente me arrastraba contra mi voluntad - Pero debo admitir que no me quejo-.
     Mientras estuve en vida pasé por muchas cosas, experiencias muy buenas, pero también desagradables y amargas. Tuve la oportunidad de enamorarme ciegamente, pudo ser una bendición como también pudo ser una maldición, sinceramente no me gusta catalogarlo, pues me llevó a estar donde me encuentro ahora, para mi ella era mi alma gemela, siempre decía que habíamos nacidos el uno para el otro, y al final, fue todo lo contrario, no bastó con darle todo de mí, arriesgar todo por ella, nada valió la pena, simplemente un día me dejó por otro chico, y yo, caí en depresión... es absurdo lo sé, pero en ese momento para mí no lo era, me sentía como si me hubiesen quitado una parte de mi, como si me hubiesen quitado algún órgano vital, caí en el alcoholismo y en las drogas con mi corta edad, ya a ese punto estaba fuera de mí... jajaja... Me río de tan solo recordarlo, no sé como llegue a estar así, ese no era yo, pero me di cuenta demasiado tarde, ya cuando comprendí el error y el daño que me hacía, había hecho uno aun mayor; me había suicidado.
     No recuerdo a la perfección el cómo sucedió, y es obstinante tener tantas lagunas mentales, solo recuerdo estar en mi habitación bebiendo, luego recuerdo una pelea con mis padres, me acuerdo de haber salido a la calle, todo estaba oscuro y luego... Aquí estaba, en este mundo paralelo -Siempre me gustó decirle así-, veía a mis padres llorando junto con mi hermana y mi hermano frente a una camilla en un hospital, no entendía nada, les hablaba y no me respondían, no me volteaban a ver, no me escuchaban... Decidí acercarme a la camilla a ver por quien lloraban...
     ¡No! ¡No! ¡No!

     Me alteré, empecé a temblar, a llorar sin control; era yo quien estaba en la camilla. Mientras me veía ahí podía escuchar como mi familia lloraba, en mi cabeza retumbaba una voz que decía; -Lo siento señores, no pudimos hacer nada, ha fallecido... - Había mucho ruido en mi mente y de repente me sumergí en aquella peculiar combinación de silencio y oscuridad.

miércoles, 11 de julio de 2012

Capítulo III - La sombra


     -Aló ¿Quien habla? - Su voz sonaba totalmente sin ánimos.
     -Hola mi vida soy yo - Contesté emocionada.
     -Princesita ¿Cómo estás?
     -Bien... Tengo algo muy importante que decirte, ¿Nos podemos ver? - Mi voz se había tornado seria.
     -Si claro ¿Quieres que valla para allá?
     -No tranquilo, yo voy a tu casa, nos vemos en un momento ¿sí?
     -Está bien princesa nos vemos...

     Finalicé la llamada y me encaminé a casa de mi novio. De forma increíble se me había olvidado que estaba enojada con él.

     Mi mamá está embaraza, mi mamá está embarazada, mi mamá está embarazada...

     No podía dejar de pensar en eso, estaba muy emocionada.

     Ya había llegado a casa de mi novio - a decir verdad no me di cuenta del trayecto -, me detuve en frente de la puerta, toqué el timbre y retrocedí un paso. No tuve que esperar mucho para que abrieran la puerta ¿Quién apareció tras ella? Pues el chico que más amaba en la vida, así que apenas lo vi me abalancé sobre él y lo abracé tan fuerte como pude.

     -Tengo una grandiosa noticia que darte - Dije al instante.
     -¿Qué sucede? - Preguntó con alegría fingida, se notaba el desanimo que aún tenía.
     -¿Adivina qué sucedió?
     -No sé mi vida, no puedo pensar - No subía los ánimos ni por más grande que hiciera mi sonrisa - Sabes que he estado muy mal desde que...
     -Mi mamá está embaraza - no quería hablar del tema en ese momento, por eso lo interrumpí al instante.

     Él se calló al escuchar lo que dije, me vio abriendo sus ojos como platos, agarró mi rostro con sus dos manos y me besó.

     -¿Tendré un cuñadito? - En su tono de voz se perdió todo rastro de tristeza, ahora solo se notaba "felicidad".
     -Sí, sí, sí... mi mamá me lo acaba de decir, se hizo los exámenes y salió positivo.
     -Felicidades mi vida... Tengo que ir a felicitar a tu mamá y a tu papá, vamos...

     Me agarró de la mano y cuando empezó a caminar lo halé y lo detuve.

     -No amor, todavía no, espera que mi mamá me diga que te pueda dar la noticia y luego la felicitas...
     -¡Ah! eso cambia las cosas, esperemos entonces.

     Nos dedicamos a hablar sobre bebés; imaginando como sería mi hermanito o hermanita, como estaríamos, entre muchas otras cosas más. Era magnífico estar feliz con él. Nos quedamos sentados en el mueble de la sala, yo recostada de mi novio, y él abrazándome. Sus brazos eran lo mejor de este mundo; cálidos, suaves y gratificantes.

     -Te amo chiquita - Rompió el silencio con esas dulces palabras mientras me acariciaba el rostro.
     -Yo también te amo - Voltee a verlo.
     -Lamento todo.
     Lo miré extrañada, mi mirada hizo una pregunta cual él contesto al observarme.

     -Por distanciarme un poco, por estar tan diferente de vez en cuando, también por si no te he demostrado o no he dicho últimamente lo que siento por ti. - mi rostro adoptó un gesto de tristeza y decepción cual no pude evitar. Él lo notó.
     >>No ha sido intencional, sabes que últimamente no todo marcha muy bien en mi vida, con mis padres... y todo se ha mezclado. No es fácil para mí, por todo eso es que he estado tan cambiado últimamente, me he enfrascado demasiado en mis problemas y he dejado que me consuman. Tú sabes lo mucho que te amo y que no deseo hacerte daño.
     -Entiendo - Es lo único que logré decir.

     Nos quedamos en silencio un buen rato.
     En ese momento de silencio tuve aquello que me sucede muy a menudo, un instante donde pensaba todo tipo de cosas, ese momento cuando me perdía en las nebulosas y hasta se me olvidaba en donde estaba, hasta que llegaba el momento que alguien me hablaba.

     Todo el tiempo transcurrido - No son dos meses, sino dos años y tres meses de relación -, ha sido bastante conociéndolo, he estado con él en muchas situaciones difíciles de su vida, y antes no había tomado una actitud tan extraña como ahora, siempre lograba saber cómo se sentía realmente así lo intentase ocultar. ¿Y si había alguien más? ¿Por qué lo haría? ¿Qué hice mal? ¿Se había aburrido de mí? ¿O solo he sido un juego para él? Muchas preguntas rondaban por mi mente en ese instante, me empecé a exaltar, mi corazón se aceleró y me se me empezó a dificultar respirar, decidí alejar todos esos pensamientos de mi mente. Miré a mi novio fijamente a los ojos y lo besé, luego lo abracé y me quede recostada de su pecho escuchando su respiración.

     Inhala... Exhala... Inhala... Exhala...
     Inhala... Exhala... Inhala... Exhala...

     Su corazón latía lenta y pausadamente, eso me relajaba aun más.

     Inhala... Exhala... Inhala... Exhala...

     Abrí los ojos, estaba en la playa sentada en al arena, frente al mar, todo era tan relajante. Las olas chocaban, reventaban llegando a la orilla y regresaban por donde venían. Las gaviotas volando y cantando, la brisa batía mi cabello y sonaba un ligero silbido. El sonido de las palmeras moviéndose a causa de la intensa brisa. El sol empezaba a ocultarse tiñendo el cielo de naranja, amarillo y azul a lo lejos, y adornándolo con unas nubes amplias y pálidas. Era la tarde perfecta. Cerré los ojos para seguir disfrutando del sonido de las olas, las gaviotas y de la brisa. Quedé inundada de una inmensa paz.
     Sin previo aviso escucho a alguien riendo a lo lejos, abrí los ojos por inercia y voltee a mi derecha ya que de ahí provenía la risa. Al ver quien se encontraba ahí mi corazón se aceleró, latía tan fuerte que sentí que se me saldría del pecho. Lograba ver a mi novio, pero esa no era la razón de mi taquicardia, la causa fue que estaba con una chica agarrado de manos, se abrazaban y besaban mientras caminaban. De mis ojos brotaron lágrimas, miré al frente y noté que había en la arena un corazón marcado y dentro tenia escritas las iniciales "E y J". La brisa se intensificó y borró lo que acababa de observar, cerré los ojos para que no entrara arena a mis ojos.

     -Adriana...

     Todo se tornó confuso, sentía que todo iba rápidamente a mí alrededor y yo reaccionaba cada vez más lento. Abrí los ojos al escuchar mi nombre, voltee a la derecha y vi a Emilio con la otra chica caminando hacia mí, pero ahora había un chico al lado de ellos, alto, delgado, su piel era blanca bronceada, llevaba el cabello corto y de color castaño, sonreía ampliamente y tenía la mirada fija hacia mí. De mi boca salió un grito, y al acto siguiente cerré los ojos y todo quedó en un silencio sepulcral.

     Abrí los ojos y escuché un grito ahogado que provenía de mi boca. Los brazos de mi novio me soltaron al notar que me empezaba a levantar. Me senté en el mueble y puse mis manos en mis ojos, luego las quité y voltee a ver a mi novio.
     -¿Qué pasó mi vida? - Me preguntó asustado.

     Lo observé con los ojos llorosos.

     -Solo tuve un mal sueño... - Me costaba respirar - Solo eso...
     -¿Qué soñaste princesa?
     -Soñé... - Me quede pensando un momento como explicarle - En el sueño estabas con otra chica, estaban en la playa, se abrazaban se besaban y yo los veía... - Se me empezaron a aguar los ojos.

     Mi novio me abrazó.

     -No seas tonta, solo es un mal sueño ¿Sí?, yo jamás te haré eso, te lo prometo... - Me abrazó más fuerte y luego me besó, me secó las lágrimas y me recostó en su pecho.

     Y me quedé ahí, nuevamente escuchando su respiración y sus latidos cuales me relajaban inmensamente.
    ¿Por qué habré tenido ese sueño? ¿Será verdad lo que soñé? No... Los sueños son angustias de la mente... solo eso... o por lo menos espero que sea así. Un momento, en el sueño había un chico, fue extraño, no entraba en el contexto del sueño...
     Me quedé paralizada y mi pulso empezó a acelerarse, tenía la mirada fija hacia el pasillo, ¡vi a alguien que lo cruzaba! bueno en realidad fue una sombra muy humanizada lo que vi... Pero no hay nadie aquí, solo mi novio y yo... No puedo estar loca... Esto no es un sueño y estoy cien por ciento segura.

lunes, 9 de julio de 2012

Capítulo II - El embarazo


     -En serio; eres todo lo que amo en esta vida... eres mi todo princesa, estaré a tu lado por siempre, por nada en este mundo me alejaría de ti...
     Me puse totalmente roja, fue realmente lindo escuchar eso de él - Que lindo eres amor. - Y tan solo eso fue lo que pude articular, así que busqué y busqué en mi mente hasta que logré conseguir que decir: - ¿En serio me amas tanto?
     -Sí mi niña, te amo demasiado, eres muy especial para mí.

     Lo abracé tan fuerte como pude, luego lo vi a los ojos y lo besé; es tan magnífico sentir sus labios húmedos y suaves, es como ir al cielo y ver a los ángeles. Sentí mucho cosquilleo en mi estomago, agarre a aquel chico tan hermoso por el rostro y lo besé apasionadamente, tan dulce como pude, intentando expresarle en aquel beso todo ese amor que sentía por él. Despegue mis labios de los suyos y lo miré fijamente a los ojos.

     -Te amo mi ángel, te amo como no tienes idea...


1 Mes Después

     -Oye, en serio dime que tienes - Ya estaba cansada de tanto insistir, realmente no soportaba su actitud.
     -Nada princesa en serio, no tengo nada.

     Si no lo conociera bien creería cada palabra de lo que me decía, pero lo conocía a la perfección, algo me escondía, por más que lo intentase ocultar me daba cuenta.

     -Está bien, no tienes nada, te creo - Me di media vuelta, crucé mis brazos a la altura de mi pecho y cerré los ojos.
     -Princesa en serio, no te pongas así.
     -¿Pero cómo no ponerme así? Dime
     -Por Dios princesa si ni siquiera sé claramente por qué estas así
     -Ay ya, en serio, no me vengas con eso ahora, sabes muy bien por qué me enojo
     -Mi vida - Suspira - ¿Cómo quieres que te diga qué tengo si no tengo nada? en serio...
     -Si ya, te creo, de verdad.

     Justo en ese instante suena mi celular. Era un mensaje.

     -¿Quién es?
     -Déjame leerlo - Dije un tanto pedante.

     Era mi mamá; su mensaje me asombró y me preocupó, era extraño que me escribiera de esa forma.

     -Es mi mamá, dice que valla a la casa con urgencia - Volteé la vista hacia él - Debo irme, luego seguimos hablando - Me levanté, me di media vuelta y me fui.

     A pesar que el mensaje de mi mamá me preocupaba no tenía tanta importancia en mis pensamientos como lo que estaba pasando con mi novio. ¿Pero cómo no hacerlo? lo conocía muy bien, y sabía que estaba ocultando algo, quizás algo pasaba y por alguna razón no me lo contaba. Él sabría la razón. Me dediqué todo ese tiempo que me llevó llegar a mi casa en pensar en ese asunto. No lograba entender por qué no me decía lo que ocultaba o mejor dicho; por qué no se atrevía a contarme lo que sentía. Lo mejor es que fuese sincera, y así lo sería, algo rondaba por mi mente, una razón de lo que me ocultaba mi novio, lo único que venía a mi mente era aquello que sospechaba desde hace mucho tiempo; "estaba saliendo con otra chica".
     Todo apuntaba a eso; últimamente todo era un misterio, estaba muy distanciado, ya no me daba el mismo cariño de siempre, entre otras cosas más, y por si no fuera poco, las referencias que tenía de él no eran las mejores, exactamente no era un ángel de Dios cuando lo conocí.

     La relación entre mi mamá y yo siempre ha sido muy buena, siempre hemos sido muy unidas, desde pequeña confié ciegamente en ella. En pocas palabras; ella no solo fue mi mamá, también fue mi mejor amiga.

     Al fin había llegado a mi casa, abrí la puerta y entré.

     -¡Mamá ya llegué! - Grité para ver donde se encontraba.
     -¡Hija ven a mi habitación! - Me respondió ella.

     Caminé a su dormitorio, la puerta estaba cerrada así que le di dos golpes suaves con los nudillos.

     -Pasa - Escuché la dulce voz de mi mamá.

     Abrí la puerta y entré. Ahí estaban sentados en la cama mi mamá y mi papá, los dos sonreían ampliamente, se agarraban de la mano como dos adolescentes enamorados. Sus actitudes eran muy extrañas y fuera de lo normal para ser ellos dos.

     -Acércate - Dijo mi mamá extendiéndome la mano que le quedaba libre.
     -Aja... ¿Y a ustedes dos que les sucede? Me están asustando - Realmente era así, no se me ocurría algo que me explicase sus sonrisas tan exageradas.
     -Tenemos una gran noticia que darte - Dijo mi madre viendo a mi papá y luego volteando la mirada hacia mí.
     -A ver díganme ¿Qué sucede?
     -Hija, yo... - Se detuvo sin razón y bajó la mirada tratando de ocultar su sonrisa que se amplió aun más.
     -¡Mamá! deja la tensión y dime, sabes lo ansiosa que soy - No soportaba todo el suspenso que tenían, quería saber que sucedía.
     -Estoy embarazada... Tendrás un hermanito o hermanita...

     Eso sí que fue una gran sorpresa, no sabía cómo reaccionar, empecé a experimentar muchos sentimientos; emoción, felicidad, alegría, celos, preocupación, más alegría, ganas de gritar...
     No sabía qué hacer, si gritar y abrazar a mis padres, quedarme estática gritando, saltar y gritar, o simplemente quedarme ahí sonriendo y felicitándolos.

     -¡Oh por Dios! - Dije en un tono alto denotando alegría.

     Me quede estática, observando a mis padres y llevándome las manos a la boca tapándola. Luego las quité e intenté soltar algunas palabras, y sinceramente no logré decir mucho por la emoción.

     -¡Mami! ¿En serio estas embarazada?
     -Si hija, acabamos de llegar, me estaba haciendo la prueba.
     -Ay mamá felicitaciones, en serio, que emoción - Solté un grito que no pude contener - Seré la hermana mayor... - Abracé a mi mamá y a mi papá al mismo tiempo.

     Realmente estaba emocionada, es lo que estaba deseando desde que tengo memoria; tener un hermano o hermana, con quien compartir, jugar, y todas esas cosas que hacen los hermanos. Ya me imaginaba lo mucho que me divertiría con él o ella, lo que cuidaría al bebé, lo que le enseñaría junto con mis padres. Ya mi día se había compuesto, con esta gran noticia había olvidado por completo que había estado discutiendo con mi novio, esto sobrepasaba cualquier malestar. Decidí estar feliz y olvidar por los momentos lo que había sucedido con mi novio, y es que luego de pensarlo bien, las cosas no van tan mal como las hacía ver; mi relación con mi mamá siempre ha sido muy buena, y ha seguido intacta al igual que la relación con mi papá, a pesar que no hemos estado muy unidos - Siempre he sido más apegada a mi mamá y por ende he tenido más comunicación con ella que con mi papá -, hoy en día nuestra relación padre-hija ha estado igual que siempre, y a pesar de todo he estado muy bien con mi novio, a pesar que se volvió distante repentinamente, nuestra relación de pareja ha sido muy buena y estable, y agregándose a todo lo anterior; ¡Mi mamá está embarazada!

     Para nuestra familia es una gran noticia y una felicidad inmensa, pues luego de yo haberme nacido, mi mamá tuvo muchas complicaciones para concebir otro hijo, pero al fin lo logró, bueno por lo menos logró quedar embarazada.

jueves, 28 de junio de 2012

Capítulo I - El Suicidio


    -Realmente eres todo lo que amo en esta vida, eres mi todo princesa, estaré a tu lado por siempre. Nada en este mundo me hará alejarme de ti…
   Su mirada era penetrante, sus ojos brillantes y su expresión tierna. Él me observaba fijamente mientras yo contemplaba su rostro…

***

    -Detente aquí un momento y observa el paisaje – Recuerdo esa montaña, aquel instante, fue mágico – Quiero que todos se enteren de algo… ¡TE AMO! 
     Ese “te amo” fue uno lo recuerdo y lo feliz que me hizo sentir, lo gritó a todo pulmón… que magnífico.

***

     Cada uno de esos recuerdos especiales rondaban mi mente en estos momentos, pensaba que todo era tan real, pero cuando tratas con personas así, como él, es mejor no ilusionarse, y hasta ahora es que me doy cuenta lo tonta que llegué a ser, pero solo en este momento es que fui capaz de ver todo tal cual es.
     Mi vida pasaba rápidamente por mis ojos, cada buena acción que había hecho, cada momento de felicidad, cada momento alegre… pero luego sucedía lo que me llevaba a tomar esta decisión drástica; todos los malos recuerdos, los fracasos, mis malas decisiones, todo aquello que para mí ya no tenía vuelta atrás, ya no había forma de resolverlo, por todo ello decidí hacer lo que cambiaría muchas cosas.
     Me encontraba en la azotea de un edificio, me asomaba por el borde, esperando que no pasara nadie por la calle, botando mis últimas lagrimas, despidiéndome de todo y escribiendo mi carta de despedida para aquellos que dejaba en ese mundo cruel y lleno de magia… ya era tiempo de saltar.


     Siempre imaginé el mundo de otra forma, a pesar de que no creía que todo fuese color de rosa, para mi tampoco era totalmente oscuro. Mi vida siempre fue lo que esperé, mi cielo era azul claro, despejado, sin nubes, sinceramente hermoso, expresando felicidad plena. ¿Qué sucedió luego? mi cielo se nubló lentamente hasta llegar a estar totalmente a oscuras, y a estas alturas se ha desatado una gran tormenta la cual no se detiene.
     Justo había pensado que el amor era totalmente hermoso, pero tú destruiste cada una de mis ilusiones. Pensé que eras un chico diferente, y me duele darme cuenta que me equivoqué... Bueno en cierto modo si fuiste diferente; te encargaste de romper por completo mi corazón. Gracias por eso amor de mi vida.
     Mamá, papá, debí haberles hecho caso, nunca pude notar a tiempo que tipo de persona era él cuyo nombre ya no quiero recordar, pero nada debió llegar al extremo al cual lo llevaron, ahora estoy totalmente destruida.
     Sinceramente ya no quiero seguir rondando en este mundo sin sentido, no quiero seguir llevando la vida que llevo; todo es un caos, agradezco sinceramente todo lo bueno, y lo malo también, de corazón... Adiós.

Con Cariño
Adriana D.

     -¿Podemos hablar Princesa? - Era él, quien mi corazón dañó.
     -Adiós, gracias por todo.
     -No me iré hasta que me dejes hablar.
     -Ya es muy tarde; me mataste
     -¿Qué quieres decir con eso?

    Salió mi última lágrima, mientras daba un paso hacia adelante acercándome a la orilla, y luego otro, el cual llegaba al final del camino. Empecé a caer, me esperaba el suelo frío siete pisos más abajo. Mientras descendía escuchaba mi nombre pronunciado por la única persona cual amé y quien luego de darle mi corazón lo pisoteó hasta hacerlo polvo.

     Lo último que recuerdo es silencio y oscuridad.