jueves, 27 de diciembre de 2012

Capítulo VIII - Aceptación


     Tenía ya bastante tiempo sin ver a varios de mis familiares, y cuando por fin los veo reunidos era por una mala noticia. En lo más profundo de mi ser deseaba verlos felices, pero no podía hacer nada, estaban tristes y sin ánimos, lloraban y otros ya solo sollozaban. Lo que más me marcó y me dejó devastada fue ver a mi abuela llorar, ella que para mí era una segunda madre, lloraba, destrozada por dentro, muy cerca de la urna donde yacía mi cuerpo.

     -¿Por qué mi niñita? ¿Por qué te la llevaste Dios? No es justo... ¿Por qué? - Decía llorando.

    Sentí que me desboronaba, mi mayor deseo era no verla así, me desesperaba, anhelaba que mi cuerpo se levantase de la urna y decirle "Tranquila abuela, aquí estoy, no he muerto, estoy contigo". Quería que todo esto fuese un mal sueño, pero lastimosamente no era así. Me sentía totalmente destrozada. Veía a mis tíos llorando, abrazando a mi mamá la cual no dejaba de llorar ni un segundo al otro lado de la urna.
     Comencé a avanzar por el salón, observaba a mis primos, a mis tíos, a mis amigos, muchos de ellos todavía llorando, otros se abrazaban entre sí.
     Me desconcertó el darme cuenta que ahí no se encontraba quien se suponía que era mi novio.

     -No te sientas mal...

     Volteé rápidamente al escuchar esa voz, era aquel chico quien me ofreció su apoyo.

     -Ven conmigo, te mostraré donde está.
     -¿Cómo sabes a quién busco?
     -Yo pasé por lo mismo - Sus ánimos bajaron por un instante, luego me observó intentando sonreír - ven, se que quieres saber de él - Me extendió su mano con una sonrisa contagiosa.

    Sostuve su mano, mi vista se nubló por un momento y al instante siguiente me encontraba en la habitación de Emilio, él estaba en el suelo, tenía mal aspecto, a su lado había una botella de algún licor casi vacía, lloraba observando una foto de nosotros dos.

    -¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué? - Detuvo su llanto por un momento, suspiró y luego continuó llorando.

     Dentro de mí empecé a sentir ira, pero a la vez me sentía mal por él. Tenía ganas de abrazarlo, quería decirle que no estaba muerta, que me encontraba ahí a su lado. A su vez, sentía un calor sofocante en mí, me sentía muy molesta, no soportaba su descaro, no le creía lo mal que parecía sentirse.

    -Fue mi culpa, por mi culpa no estás aquí... Lo hiciste por mí... No merecías morir, yo si lo merecía, daría lo que fuese por ser yo quien estuviese muerto...
     -Hipócrita - Dijo aquel chico desconocido enojado.

     Dentro de mi surgieron varias emociones; enojo, tristeza, pasión...

    -No le digas así - Solté muy enojada - No es tu culpa... - Proseguí pero esta vez dirigiéndome a Emilio - Yo soy débil e inmadura, no te culpes - Empecé a sentir ganas de llorar.
     -¿Que te sucede? ¿No bastó con todo lo que te hizo?
     -¿Y tú que sabes? - Estaba muy enojada - No sabes nada de mí, no sabes nada de él, no sabes nada de nosotros dos... A duras penas sé quién eres tú, no te metas en mis asuntos, no te metas en lo que no te incumbe...

     Él me observa asombrado, luego lo invade una tristeza muy notable.

     -Es cierto... - Se dio media vuelta y desapareció.

     Me sentí mal, sabía que lo había tratado mal, pero no podía permitir que hablara así de Emilio, él era el amor de mi vida, y a pesar que yo había muerto lo cuidaría y lo protegería, estaría a su lado, sabía que lo que había visto había sido un error, tenía que haber una explicación. Me desboronaba verlo así por mi culpa, y no solo a él, sino también a mi mamá, a mi abuela, a toda mi familia. Fui demasiado egoísta, no pensé, solo actué.

     -¿Por qué te fuiste? ¿Por qué? - Emilio empezó a destrozar todo lo que encontraba a su paso - ¡Todo fue mi culpa! ¡TODO!...
     -¡Cálmate Emilio! - Grité, pero fue inútil - Ya basta, detente por favor - Sentía ya muchas ganas de llorar por el desespero de no poder hacer nada para calmarlo.

    El amor de mi vida seguía rompiendo todo a su paso, mientras eso sucedía por mi mente empezaron a proyectarse imágenes de nosotros dos, peleas, momentos graciosos, románticos, cuando me entregué por primera vez a él.

     Sentí un gran vacío en mí, se puede decir que por fin tuve el primer choque de realidad pura, pensé y reconocí que ya no estaré más a su lado, que realmente estoy muerta, que no es un mal sueño. Quería llorar, gritar, correr, no sabía que pasaría ahora - "estoy muerta, estoy muerta, estoy muerta"- por mi mente rondaban esas palabras.

     -¡Noooo! - Grité con todas mis fuerzas y sin importarme que pudiera o no escucharme. Me lancé hacia Emilio para abrazarlo.

     Aquel chico, él, quien es el amor de mi vida, mi amor en la eternidad, se detuvo en seco y dejo de llorar, yo por mi parte solamente lo traspasé y casi caigo al suelo.

     -Adriana - susurro - Tu olor...

    ¿Sería posible que haya podido percibir mi olor? que aunque sea eso haya pasado, por un momento me sentí feliz y entré nuevamente en mi fantasía.