Me encontraba caminando por un sendero, de apariencia un tanto lúgubre, se podía ver al final una casa de dos plantas, se me hacía conocida dicha casa, pero no lograba recordar de dónde, me acerqué y fui directo a la puerta, entré sin ningún problema ya que se encontraba abierta. Al adentrarme escuché a una niña jugando y riendo, caminé siguiendo la risa, recorrí la casa hasta llegar a la puerta que daba al patio, la abrí y salí. Observé a la niña y me di cuenta que era yo con tan solo tres años, me encontraba jugando con mis muñecas favoritas, me veía tan alegre, tan despreocupada, tan inocente.
Me sumergí en aquellos recuerdos mientras me observaba de pequeña, viéndome reír. Repentinamente escucho unos gritos de pelea los cuales me sacaron de mi trance, provenía del interior de la casa, volteé y pude observar por la ventana del piso de arriba a mi mamá y a mi papá discutiendo.
Entré a la casa apresurada y me acerqué a las escaleras, cuando me disponía a subir vi aproximarse mis padres aún discutiendo.
-¡Ya no te soporto! intento hacer las cosas bien para los dos y para nuestra hija, pero tu actúas como una psicópata - Le grita mi papá mientras baja las escaleras.
-¿Ahora me encasillas como psicópata? Pero creo que yo no fui la loca que se fue a acostar con alguien más - Responde mi madre siguiéndolo.
-Ya no soporto nada más de ti, me voy de la casa.
Mi padre ya había llegado al primer escalón, me aparté nerviosa, creyendo que me tropezaría, luego recordé que esto solo era un sueño -Si así podría decirle-.
Él se acerca a la puerta y voltea a ver a mi madre al escuchar que habla, mientras ella se detiene terminando de bajar las escaleras.
-No lo hagas - Dice mi madre ya brotando lágrimas de sus ojos.
-Lo haré, estas peleas no le hace bien a la niña, y a nosotros tampoco - Abre la puerta y sale de la casa.
La puerta comenzó a cerrarse lentamente. Toda la habitación se tornó oscura y solo podía escuchar a mi mamá llorar, comencé a llenarme de temores, corrí hacia la luz que dejaba entrar la puerta aún abierta, la abrí de par en par y salí de la casa.
De alguna extraña manera me encontraba en un parque, miré al frente y podía ver a mis padres juntos y felices, riendo mientras jugaban conmigo en un columpio. Me sentía tan satisfecha al contemplar aquellos momentos tan felices en familia. Pero como he aprendido en este tiempo que ha pasado desde que morí; felicidad sin angustia o dolor no significa nada.
Comenzó a soplar viento muy fuerte, el cual me obligó a cerrar los ojos, todo quedó en silencio que no se prolongó por mucho tiempo, el viento cesó y volvió la calma. De a dentro de la casa escucho a alguien llorar, se escuchaba como una mujer, volteé hacia la casa, me acerqué a la puerta, la abrí y entré apresurada, fui hacia las escaleras y subí corriendo, al llegar arriba observé a mi derecha, se encontraba mi pequeña yo sentada frente a la puerta entreabierta del cuarto de mi mamá, se le podía escuchar llorar dentro de la habitación, me acerqué y me detuve en frente de la puerta escuchando.
-¿Por qué te fuiste mi amor? ¿Por qué Dios te arrancó de mi lado? ¿Por qué? - Mi madre hablaba sola con dificultad a causa del llanto.
Repentinamente escuché que me llamaban a lo lejos, y cada vez se escuchaba más alto mientras que el llanto de mi madre lo escuchaba más lejos. Cerré los ojos y sentí cómo todo comenzó a dar vueltas.
El famoso silencio volvió otra vez.
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