martes, 5 de mayo de 2015

Capítulo XVI - Sentimietos

     Escuchaba mi nombre cada vez más cerca, cuando conseguí oír suficientemente cerca aquella voz como para suponer que se encontraba al lado mío, abrí los ojos de ipso facto, lo primero que observo es a Miguel frente a mí. Aquel chico se encontraba de cuclillas y yo sentada, recostada de un árbol.

     -¿Qué sucedió? - Pregunté confundida - ¿Dónde estamos?
     -Digamos que esto es nuestro propio paraíso.
     -Es muy hermoso.

     Comencé a contemplar todo aquel bello paisaje; los árboles danzando por la brisa, los pájaros volando y cantando, cada cosa que veía, cada detalle era simplemente hermoso. 

     -Me acaba de suceder algo que me alegró y a la vez me desconcertó - Dije repentinamente.
     -¿Qué te pasó?
     -Estuve en la casa donde viví de pequeña, cuando mi padre todavía vivía. En varios momentos me observé feliz, jugando solo y con mis padres, pude sentir lo feliz que era en aquellos tiempos, y en otros momentos observaba como mis padres discutían. Antes de aparecer acá observé, o mejor dicho, escuché a mi mamá llorando por la muerte de mi padre. Realmente no recuerdo nada eso, era muy pequeña cuando todo pasó. ¿Qué sucedió? ¿Qué significa? 

     Miguel me observó por un momento sin mediar una palabra. 

     -Lo que presenciaste cuando estuvimos en tu casa; tu mamá llorando y toda esa atmósfera, fue lo que hizo que soñaras con todos aquellos recuerdos, todo lo que quedó grabado en ti así no lo recuerdes del todo. Debes tener en cuenta que aún no controlas tus sentimientos y por ende no puedes disponer de donde estarás o a donde ir. - Observó mis gestos de preocupación y sonrió - No te preocupes, eso es normal, yo también pasé por eso.  - Hizo una pausa por un segundo - Tuve que sacarte de tu trance, comenzaron a volver los demonios, todo se tornó oscuro, ellos venían por ti.
     -Tengo miedo, no quiero que aparezcan de nuevo.
     -Tranquila, hoy no lograrás controlar tus sentimientos, pero si podrás hacerlo pronto, debes quedar en paz.

     Me quedé pensando sobre lo que me había dicho Miguel, debía controlar mis sentimientos, debía dejar de ser tan débil, no podía seguir así, ¿Qué sucedería si no lograba controlarme y los demonios me llevaban? No es de mi agrado el pensar que podría pasar toda mi eternidad en sufrimiento por el simple hecho de no ser fuerte, debía superar muchas cosas e intentar seguir mi camino, llegar a la luz o lo que sea que deba pasar. Solo sé que cada más tiempo que pasa me convenzo que este no es el cielo y no es el lugar donde deberíamos ir al morir, o donde permaneceremos la eternidad. 

     Lo miré a los ojos, su mirada era tan cálida, tan acogedora. Di un paso hacia él y lo abracé, Miguel se sorprendió y tardó en reaccionar, y sin mucha demora me abrazó. Fue una sensación muy gratificante, me hizo sentirme llena de vida, segura, a salvo, feliz, simplemente no quería alejarme de su lado.

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