Luego de aquella confesión realmente no sabía cómo sentirme, estaba devastada, fui realmente una idiota, ¿Cómo pude hacer eso?
-¿Puedo preguntar por qué esa cara? - Me preguntó Miguel luego de un extenso momento de silencio mutuo.
-No sé qué decir - Fue una respuesta muy vacía de mi parte - Me siento una idiota, tome una decisión sin pensar, solo me deje guiar por mis impulsos, y ahora no hay reversa, no puedo corregir este error.
-Sé cómo te sientes.
-Gracias - Lo vi a los ojos y le sonreí
-¿Por qué agradeces?
-Por haberme cuidado e intentado detenerme cuando fui a aquella azotea, sin conocerme siquiera, gracias por estar aquí luego de que saltara... De verdad te lo agradezco
-Tranquila, lo hice con sinceridad, te he cogido mucho aprecio.
Sonreí levemente y me sumergí veloz en mis pensamientos, entre ellos aparecieron imágenes de mi madre, quería verla, quería saber cómo estaba, quería acompañarla, cuidarla.
-Quiero ver a mi mamá... - Dije repentinamente y con desesperación.
-Si, creo que deberías estar al lado de ella, vamos.
Miguel me abrazó y repentinamente todo se nublo para luego materializarse la habitación donde se encontraba mi mamá. Ella estaba acostada en la cama llorando, en ese momento llaman a la puerta, mi madre no responde y solo queda ahí sin dejar de llorar y abrazar la almohada.
-Hija ¿Puedo pasar? - Pregunta mi abuela, se escuchaba en tono desganado.
Luego de esperar un instante y no recibir respuesta alguna, se abre la puerta y entra mi abuela a la habitación.
-Hija ven a comer - le dice sentándose en la cama a su lado - Necesitas comer aunque sea un poco - Al ver que no se mueve intenta levantarla - Hija por favor
-¡No mamá! ¡Déjame tranquila! no quiero comer, no quiero, solo quiero llorar quiero a mi hija de vuelta ¡Quiero estar sola!
Mi abuela aturdida y triste se levanta y sale de la habitación cerrando la puerta tras ella.
-Vamos a donde tu abuela -Me dice Miguel
-Vamos - Respondí conmocionada, estaba totalmente sorprendida, mi mamá nunca le había hablado así a mi abuela, ella no era así.
Nos dirigimos a donde se encontraba mi abuela, ella caminaba hacia la sala, al estar allí se sienta en el mueble y empieza a llorar. Comencé a sentirme devastada, no podía verla así, ella que tan alegre siempre fue. Me acerqué a mi abuela y me senté a su lado.
-Abuela no llores, discúlpame por favor - Empecé a hablarle a pesar de que no me podría oír - Lo siento, no quise hacerles daño, no quería que estuviesen así y menos por mi culpa, por favor perdóname, no estés así... – Intenté abrazarla y en ese instante mi abuela dejó de llorar.
Ella alzó la mirada y se secó las lágrimas.
-Mi niña, todos te extrañamos, te extrañamos mucho, pero no te tenemos rencor, sigue tu camino, sigue el camino de nuestro señor Dios... - Luego de haber dicho eso sonrió.
Aquella sonrisa me recordó los buenos momentos que tuvimos estando yo en vida, me hizo sentir feliz y me llevó pensar en que debía hacerle caso y seguir, pero muy rápido abandoné esa idea, o por lo menos por estos momentos no lo haría, primero debía estar convencida que mi mamá seguiría adelante y que volvería a sonreír.
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